1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

REDES SOCIALES

La fauna humana de Twitter

Propuesta provisional para una tipología de la actividad de escritoras y escritores en Twitter

Iban Zaldúa 6/05/2024

<p><em>Twitter y la polarización</em>. / <strong>Pedripol</strong></p>

Twitter y la polarización. / Pedripol

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Me da la impresión de que ahora que Elon Musk está dejando que se vaya al garete, ha llegado el momento de proponer, de una vez por todas, una tipología sobre las formas de actuar de las y los escritores en esa red social, que quienes seguimos ahí continuamos denominando, tercamente, Twitter. A estas alturas ya contamos con la suficiente perspectiva histórica y la fundada sospecha de que en algún momento (¿pronto?) Twitter va a entrar de manera definitiva en decadencia, y a quedarse más vacío que Second Life, por lo que puede que no haya momento más propicio que este. De hecho, sospecho que a esto, como a casi todo, también llego tarde.

Existe, por supuesto, el o la ‘Mercachifle’ o, si se prefiere, de tipo “profesional”: en algún momento (más o menos a mediados de la década de 2010) llegó a sus oídos que Twitter era la herramienta idónea para ampliar su campo de acción comercial, objetivo al que se ha aferrado con perseverancia, sin desviarse un byte de su camino. Es decir, no sigue a ningún otro tuitero o tuitera, o casi a ninguno, no interactúa con nadie, simplemente se limita, tuit a tuit, a difundir propaganda de las obras que va publicando, de sus innumerables logros, de los premios que gana y de los eventos en que participa. De hecho, una variante sería la del tipo ‘Robótico’, que se manifiesta cuando es la editorial o el agente literario quien toma el control de la cuenta del autor o la autora, para convertirla en aún más publicitaria (si cabe). Quizá, quién sabe, esa es la forma más natural de estar en Twitter, en una época en la que la República de las letras se ha convertido, definitivamente, en Mercado.

El escritor-tuitero ‘Prooofundo’ se distingue por la inclusión, entre sus tuits comerciales, de frases muy elaboradas

La o el escritor-tuitero ‘Prooofundo’, por su parte, aunque no desdeña el relato en vivo y en directo (y sin solución de continuidad) de su carrera, se distingue por la inclusión, entre sus tuits comerciales, de frases y sentencias muy elaboradas, solemnes y no pocas veces crípticas, o sea, tochas, que aspiran a la forma aforística o, al menos, a la de reflexión de peso. Suele hacerlo sin dar ninguna explicación y, desde luego, sin entrar en conversación con nadie que le inquiera sobre las mismas (hay que mantener el misterio, y disimular que tales frases resultan ser, la mayoría de las veces, tramoya vacía tendente a la autoayuda). Al fin y al cabo, el ‘Prooofundo’ busca con ahínco los megusta y los retuits de toda persona que piense que así participa, por ósmosis, de las honduras de los adagios que vierte en la red de redes.

Casi opuesto a los dos tipos anteriores sería la o el tuitero literario ‘(Demasiado) Accesible’, o “simpático”, ese que agradece todas las referencias que le hacen directa o indirectamente, incluso las no tan positivas, que responde con amabilidad y retuitea constantemente, hasta el punto de resultar un tanto pesado. Como se ha sugerido, suele ser el campeón del retuit (cuando las referencias son positivas, claro). Es conveniente silenciarlos en nuestro timeline cada vez que publican un nuevo libro, con el fin de evitar el bombardeo de spam.

Con frecuencia, de ser una escritora o escritor (Demasiado) Accesible a convertirse en ‘Enganchado’ o “yonqui” de Twitter no hay más que un paso. Es quien, olvidando para qué demonios entró en la red, acaba actuando en el estilo más fanático, es decir, opinando sobre cualquier cosa o lanzando los comentarios más excéntricos y triviales, como por ejemplo, yo qué sé, mostrando al mundo la lista de discos de la colección Deutsche Grammophon que escucha cada sábado mientras friega, o incluso grabando y difundiendo vídeos supuestamente divertidos en los que aparece haciendo volatines sobre el skate, cocinando una quiche lorraine, o versioneando con bandurria temas de Taylor Swift. En tales casos es lícito preguntarse, efectivamente, en qué punto se deja de ser profesional de la escritura para convertirse en simple tuitero o tuitera, sobre todo cuando, paralelamente, se percibe una deriva descendente en la producción literaria de la persona en cuestión, tanto en cantidad como en calidad.

El tipo de tuitera o tuitero que denominaremos ‘Insistente’ se sitúa en esa zona, entre el (Demasiado) Accesible y el Enganchado. En realidad no produce tantos tuits, pero está tan orgulloso del comentario que acaba de escribir, que lo retuitea continuamente (algo que puede lograrse deshaciendo y retuiteando una y otra vez el tuit original), tanto que puede llegar a estar tan presente en nuestro timeline como los dos anteriores.

El ‘Exhibicionista’ se dedica en cuerpo y alma a mostrar los aspectos más insignificantes de su vida

La o el ‘Exhibicionista’, por su parte, sería una subvariante del Enganchado: se dedica en cuerpo y alma a documentar y mostrar, de palabra o de forma gráfica, los aspectos más insignificantes de su vida. Si le ha entrado la fiebre gastronómica, compartiendo y comentando fotos de los platos que cocina o le sirven en los restaurantes; si es un viajero consumado, es decir, si practica con profusión el turismo (literario o no), haciéndose selfies con paisajes pintorescos a su espalda. Este subconjunto de entre 30 y 45 años se pone muy pesado con la llegada del primer bebé, más en el caso de los padres que en el de las madres: muestran sin cesar las monerías que hace, a lo largo del día, su progenie, en particular las “perlas” que sueltan por sus pequeñas bocas, perlas que citan una y otra vez, convenientemente entrecomilladas, como si fueran obra de grandes figuras de la historia universal de la filosofía, y como si el resto de los infantes, en general, no tuvieran nunca ocurrencias de ese pelo (que a la mayoría de sus mayores, por descontado, no les parecen dignas de ser tenidas en cuenta más allá del ámbito privado).

No debemos confundir los anteriores tipos, en cualquier caso, con la variante ‘(Auto)Documentalista’, que no pierde de vista lo que le ha traído a la red social, pero lo lleva al extremo y, en consecuencia, da testimonio de todos y cada uno de los pasos de su proceso creativo, no pocas veces con imágenes, en las publicaciones de su perfil: cómo escribe (con pluma, por supuesto) el manuscrito de su última obra, cómo lo pasa a limpio con el procesador de textos, la minuciosa corrección de las galeradas que le ha enviado la editorial, o la elección del título y la cubierta del libro (en esos casos, como creyente en la democracia participativa que es, consulta con frecuencia a su comunidad de seguidores, para decidir a través de sus votos entre este o aquel título, o entre esta y aquella “maravillosa” ilustración para la portada). Y, por supuesto, como otros y otras escritoras, todos los detalles de sus presentaciones, sus conferencias y demás. Puede decirse que su papel es el de desmitificador: si creías que había algún misterio en la creación literaria, abandona toda esperanza (siguiendo a alguien así no te quedará más remedio que quitarte la idea de la cabeza).

Está también, aunque evidentemente es difícil de detectar, el o la escritora ‘Voyeur’: se mueve en Twitter bajo un perfil falso, al que quizá ha puesto los nombres y apellidos más comunes, creado con el objeto de observar a escondidas qué se cuece en la red. De vez en cuando puede darle un “me gusta”, siempre vergonzante, a las citas y noticias que puedan aparecer en su favor, o incluso retuitearlas, pero siempre con cautela, porque las y los verdaderos profesionales del voyeurismo tuitero mantienen en absoluto silencio sus perfiles, como los u-boots que circulaban por el Atlántico en la época de la IIª Guerra Mundial: al fin y al cabo, la meta de estos seres es proclamar, directa o indirectamente, que son literatos de casta, auténticos, y que no andan perdiendo el tiempo en las redes sociales, sino haciendo lo que sea que de verdad hagan los y las escritoras. Pero estar, están en Twitter, que nadie lo dude ni por un momento.

En el tuiterío del mundo literario es posible hallar, como ocurre en el resto (tranquilidad: no tiene nada que ver con Cortázar), la figura del ‘Perseguidor (de Casito), faltaría más. En sus publicaciones este sujeto suele lamentarse de las escasas ventas de sus libros, de que no le inviten a determinados festivales, de que no le hayan hecho suficiente espacio en el circuito de clubs de lectura o en el de congresos, de que no le hayan concedido un premio literario concreto, o incluso de que no hayan otorgado todos los aplausos que merecía en cierto evento: al fin y al cabo, con su actividad en las redes intenta subrayar lo cansado y heroico y poco valorado que está vivir de y/o para la literatura. Al igual que el tipo ‘Prooofundo’, suele hacer uso de frases crípticas y graves, a veces, para expresar de la manera (a su juicio) más trascendente la injusta Angst literaria que le embarga, y puede quejarse mucho de la cultura de la cancelación, de la que suele considerarse víctima (mientras enlaza en su tuit el enésimo artículo que ha publicado, cobrando, en algún medio, digital o analógico, de mayor o menor difusión). El ‘Perseguidor (de Casito)’ presenta una subvariante, fruto quizá de cierto cruce con el ‘Mercachifle’: el ‘Cuco Digital’, que aprovecha los hilos de escritoras y escritores (más) conocidos, como por casualidad (pero de forma totalmente artificial, al fin y al cabo), para deslizar alguna noticia acerca de su última obra maestra autoeditada, por supuesto elogiosa (noticia no pocas veces redactada en mayúsculas). Quizá sea más habitual en Facebook, pero en Twitter también puede encontrarse la huella de esta suerte de parasitismo publicitario.

La tuitera o tuitero literario ‘Instagramático’ es algo más reciente, ya que es consecuencia, en parte, de la popularización de algunos usos de la red social indicada: pueden incluirse dentro de esta categoría quienes muestran una tendencia exponencial a tuitear portadas de libros, sin más o, a lo sumo, acompañadas de una o dos frases, más apasionadas cuanto más estrecha es la relación de amistad con las y los autores de los mismos (o en la medida que espere obtener algún favor de estas personas, o de su entorno). Trata así de reflejar, vía red social, cuantísimo lee, y se dedica a esa tarea con la alegría de quien, de esa manera, se ha librado de la penosa tarea de escribir una crítica como está mandado: a fin de cuentas, reseñar es una labor ardua y de escasa recompensa, comparada con postear portadas. Por cierto, su variante puede ser la del tipo ‘Photoshópico’ (no estoy del todo seguro de la filiación de dicha subespecie, aunque está claro que tiene más presencia en Instagram, como era de esperar, que en Twitter). La o el Photoshópico publica las mejores fotografías que puede tomar de sí mismo, en poses lo más literarias y/o sensuales posibles; también es especialista en difundir testimonios gráficos de sus actividades y presentaciones, a menudo tomados desde los ángulos más inverosímiles, con el objeto de mostrar lo exitosas y multitudinarias que han sido (aunque la realidad puede ser muy distinta en ciertas ocasiones, lo que explicaría no pocos de los contrapicados). La colaboración de una amistad tan fiel como competente resulta imprescindible para sacar todas las instantáneas que no sean selfies. (El reverso de los seres ‘Instagramáticos’ y ‘Photoshópicos’ sería, en cierto modo, ese otro que sigue utilizando, en las solapas y en las campañas publicitarias de sus nuevos libros, las fotos promocionales que le hicieron hace una década o más y que luego resulta apenas reconocible en persona, como si acabara de pasar por la sala de maquillaje de una película postapocalíptica zombi).

El Photoshópico publica las mejores fotografías que puede tomar de sí mismo, en poses lo más literarias y/o sensuales posibles

Las y los ‘DMntores’, por su parte, llevan una doble vida en la red social: lanzan algunos tuits sobre cuestiones literarias (o de otro tipo), generalmente bastante inocuos, de esos que no te meten en problemas (la expresión que más utilizan suele ser alguna variante de la palabra “interesante”, y, aunque últimamente se está poniendo más peligroso, tienden con preferencia al “me gusta”, en lugar de al retuiteo, que siempre compromete más). Y, al tiempo, hacen un uso discrecional de la herramienta del mensaje directo (DM, “direct message”), en la que se muestran mucho más francos, qué duda cabe. Por ejemplo, para elogiar los tuits que alguien del mundo de las letras ha publicado o la obra que acaba de lanzar, o para mostrar su solidaridad con dicha persona si se ha visto enredada en una mala polémica en la red. Siempre en privado, por supuesto, y sin mojarse en la página principal de Twitter, porque ya sabemos que eso es la jungla, o algo peor…

Hay una subespecie tuitero-literaria, por otra parte, que puede destacarse por su fe en el poder performativo de las palabras: podemos denominarla ‘Hashtagliever’. Su principal característica es creer que hashtags o etiquetas como #poesía, #microrrelato o #belleza (o alguna otra de ese calibre, da igual en qué idioma estén escritas), añadidas a cualquier ocurrencia verbal, convierten a ésta, como por encanto, en Literatura. Conviene que, por el bien de tu salud, no abuses, a ser posible, de su lectura: el que avisa no es traidor.

Por otra parte, hay gentes del mundo literario en Twitter que padecen del ‘Síndrome del Novelista’: olvidan que la actividad en las redes sociales tiene más que ver, en cierto sentido, con la del aforismo o la del cuento, al menos en lo que a la extensión se refiere, y acostumbran a producir hilos inabarcables para expresar sus opiniones y contar sus historias (su variante en Facebook es la de quienes cuelgan en el muro textos hiperlargos, más extensos que un artículo de fondo para un periódico). Afortunadamente, tanto en un caso como en el otro, y a diferencia de lo que ocurre con el ‘Hashtagliever’, la propia red social ofrece la forma de evitarlo: basta y sobra con no desplegar el hilo.

El tipo ‘Polemizador’, ni que decir tiene, es una figura presente entre las escritoras y escritores tuiteros (tanto como entre las y los usuarios civiles, se entiende): ante cualquier mención a alguno de los temas que le obsesionan, y contrariamente a la prudencia que suele mostrar el tipo ‘DMntor’, no puede evitar entrar al trapo, no pocas veces hasta quedar en ridículo; es fácil de reconocer porque tiende a tomárselo todo a título personal y siempre intenta (re)tener la última palabra en el “debate”. Existe una variante curiosa del mismo, la del ‘Tirapiedras’, que, tras un intervalo (pueden ser horas, o incluso minutos), elimina el tuit (supuestamente) polémico que acaba de publicar; conviene que, si has detectado un comportamiento así, y pretendas en un futuro utilizar el mensaje, procedas con celeridad a guardar un pantallazo, por si las moscas.

Quizá haya quien argumente que no hay mucha diferencia entre el Polemizador y el ‘Políticamente Incorrecto’, pero yo diría que sí la hay: el tipo ‘Polemizador’ puede resultar un poco cargante, pero podemos pensar que su intención, en general, es buena (ridícula, a menudo, pero honesta, en el fondo). El objetivo del ‘Políticamente Incorrecto’, sin embargo, es embarrarlo todo y provocar confusión: se comporta, deliberadamente, de forma grosera, y quiere molestar a toda cosa; cree que esa es la forma natural de estar en Twitter y, viendo la evolución histórica de la red, quizá tenga razón, por desgracia (en el caso del twitterverso euskaldún, como tendencia, no suele ser raro que se sitúe en algún extremo de la izquierda abertzale oficial, o cerca de alguna de sus disidencias; en el caso hispano son más frecuentes en el extremo centro y en el rojipardismo: sí, en ese en el que tantas veces podemos prescindir del prefijo roji-). De todas formas, el ‘Políticamente Incorrecto’ no suele quedar muy lejos, en su comportamiento, del tipo ‘Ciberbully’, ni del gemelo univitelino pero anónimo de este último, el ‘Troll Literario’, sobre todo si llegan a tener la mínima sospecha de que su honor letraherido (o de otro tipo) ha sido mancillado, real o imaginariamente: no es raro que, para atacar a quien ha perpetrado la supuesta afrenta, se ayude de los tuits, anónimos o no, de sus acérrimos microseguidores. En cualquier caso, y sin excepción, suelen ser campeones del victimismo, en la línea de lo estudiado, entre otros, por el filósofo Daniele Giglioli, siempre en dura pugna, claro está, con los ‘Perseguidores (de Casito)’.

Los que he esbozado aquí no son más que tipos ideales, ni que decir tiene: las combinaciones de más de una variante son posibles e incluso frecuentes, diacrónica e incluso sincrónicamente. Soy consciente, por otra parte, de que algunos de estos tipos, aunque son especialmente numerosos entre la fauna literaria, no reflejan en exclusividad comportamientos gremiales específicos, sino también los de muchos tuiteros y tuiteras civiles: qué le vamos a hacer si las y los escritores, al fin y a la postre, son personas y, por lo tanto, internautas corrientes y molientes…

Porque esta propuesta, como señalé al principio, es absolutamente provisional: puede que al leerla se te ocurra algún tipo más de tuitera o tuitero literario. Que podrás añadir y sobre el que podrás abundar, si quieres, al hilo del tuit al que voy a enlazar de inmediato este artículo, o a los enlaces de las publicaciones que voy a hacer en Mastodon, Instagram, Facebook, Bluesky, Threads y Linkedin (por lo menos).

------------------------------

Iban Zaldua ha escrito libros de cuentos como Etorkizuna (Alberdania 2005, traducido como Porvenir, Lengua de Trapo, 2007) y Como si todo hubiera pasado (Galaxia Gutenberg, 2018), novelas como Si Sabino viviría (Lengua de Trapo, 2005) y ensayos como Ese idioma raro y poderoso. Once decisiones cruciales que un escritor vasco está obligado a tomar (Lengua de Trapo, 2012). Su último libro publicado en español es A escondidas (Páginas de Espuma, 2023). Este artículo es una la adaptación de uno escrito en euskera, que originalmente apareció de forma serial en el suplemento cultural Ortzadar.

Me da la impresión de que ahora que Elon Musk está dejando que se vaya al garete, ha llegado el momento de proponer, de una vez por todas, una tipología sobre las formas de actuar de las y los escritores en esa red social, que quienes seguimos ahí continuamos denominando, tercamente, Twitter. A estas alturas ya...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí