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Moisés Ninco / Embajador colombiano en México

“Los jóvenes hemos construido el cambio en Colombia”

Liliana David 2/05/2024

<p>Moisés Ninco en una reunión de Embajadoras/es del Grupo de Latinoamérica y el Caribe, 2023, Ciudad de México. / <strong>Embajada de Colombia en México</strong></p>

Moisés Ninco en una reunión de Embajadoras/es del Grupo de Latinoamérica y el Caribe, 2023, Ciudad de México. / Embajada de Colombia en México

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Álvaro Moisés Ninco Daza es un joven colombiano de treinta años que a mediados de febrero fue nombrado por el presidente Gustavo Petro embajador de la República de Colombia en México. Su designación ha sido polémica desde el inicio, sobre todo porque existe la idea generalizada de que para ocupar tal cargo se debería contar con más años de edad y una mayor experiencia en el mundo de la diplomacia internacional. Él explica su nombramiento, para algunos inaceptable, como una nueva forma de hacer política, que transgrede las formas y fondos habituales, heredados de un modelo envejecido: “Tradicionalmente los espacios del Estado han sido cooptados por una autocracia y, lógicamente, las infancias y los jóvenes hemos sido relegados. Mientras que ese adultocentrismo ha generado una cooptación de lo público, las élites se sientan a tomar las decisiones. La diplomacia, en ese sentido, en la lógica de esas élites, es un ámbito propio de reyes, virreyes, príncipes, condes y sus séquitos y no del pueblo plebeyo, que asume hoy en día la dirección del país colombiano, a partir del mandato popular, en el 2022, con el Gobierno del cambio. Hoy se ve como algo completamente normal que un empresario llegue a puestos diplomáticos, aunque no tenga la carrera o los estudios en ese campo; también se asume con naturalidad que llegue a ese cargo una persona periodista, al menos en Colombia, o bien un exmilitar, pero si llega un militante, hay que poner las alarmas”.

La reciente carrera política de Ninco tuvo un parteaguas al convertirse en miembro y fundador del partido político Colombia Humana. Fue igualmente impulsor de las juventudes de la campaña presidencial de Gustavo Petro, Jóvenes Con Petro, y de las juventudes del Movimiento Colombia Humana, Juventud Humana. Estos acontecimientos marcaron sin duda un rumbo nuevo en el desarrollo de su vocación como activista y militante, pero cuyo camino venía forjándose desde que era estudiante, tras participar en diversos movimientos sociales e iniciativas con grupos civiles. Además, en 2016 colaboró en la campaña presidencial demócrata de Bernie Sanders en Nueva York y Nueva Jersey, y en la nominación como candidato al Senado de Alex Law (Partido Demócrata, South Jersey), como destaca la Embajada de Colombia en México.

Su trayectoria, si bien breve, ha sido sustanciosa y activa; una cuestión que, como él mismo refiere, no cuentan del todo los medios de comunicación. “Ellos plantean que no tenemos cualidades suficientes para gobernar y que todo lo del pobre es robado, como decimos en Colombia. Todo ello lo plantean básicamente para decir que lo que no viene de la oligarquía es impuro y no clasifica en el nivel que se necesita para gobernar, pero nosotros estamos demostrando a través de este proceso de cambio que es todo lo contrario”.

Más allá de su activismo político y de los estudios cursados aunque sin título –otra cuestión que lo ha puesto en el punto de mira y sobre la que explica sus razones más adelante–, Ninco se asume como integrante de una generación reciente de jóvenes colombianos que dijeron “¡Ya basta!” y decidieron enfrentarse al acumulado de desigualdades, represiones, abusos y discriminaciones, movilizando sus fuerzas por todo el país.

El gabinete de Petro está conformado por gente joven; en su gobierno aparecen las caras de los excluidos

¿Cómo se conformó ese gran movimiento de jóvenes que vieron en Petro una esperanza de cambio? ¿Cuál es el rol que juegan hoy en Colombia y en su gobierno?

Los jóvenes hemos asumido un rol central. Estamos a la vanguardia cuando hacemos las revoluciones, pero cuando nos quedamos en la retaguardia surgen las contrarrevoluciones. En esos términos, sabemos que hay distintas maneras de abordar la lucha, por ello es nuclear que los jóvenes seamos el corazón de la fuerza para el cambio. Más que incorporarnos al proceso de cambio, nosotros hemos construido el proceso, por eso hoy se ven jóvenes diplomáticos, ministras y ministros; el gabinete de Petro está conformado por gente joven; en su gobierno aparecen las caras de los excluidos históricamente, excluidos del Estado, que ahora asumen la dirección del gobierno. Nosotros llegamos con la responsabilidad histórica de consolidar el cambio para el cual hemos dispuesto nuestras vidas, pero creo que somos toda una generación que está cambiando a Colombia más allá de la edad; que coincidimos en esta tarea, en este proceso de luchas, en lo concreto; tenemos el compromiso para materializar un cambio profundo, y no hay cambio en Colombia sin las juventudes, que hemos sido, por otro lado, la carne de cañón de la guerra y la violencia.

Precisamente, los jóvenes de México y Colombia comparten esta experiencia en la que la violencia no deja muchas puertas de escape hacia otros escenarios de vida, pero con tu historia podemos ver que la juventud puede vincularse de otro modo a la vida social y política de un país. ¿Cómo se detona una movilización para que los jóvenes transiten por nuevas rutas que no sean las del neoliberalismo criminal?

Lo que yo he visto es que sólo es posible la democracia, la transformación y la vida con la participación de las juventudes en países que viven esta violencia. “Cambiar el mundo” es una etapa por la que todos pasamos, pero justamente es pasajera porque el capitalismo disciplina a partir de la represión, la precarización y el racismo que entraña el patriarcado. Pero estoy seguro de que, si somos capaces de asumir la rebeldía y la conciencia histórica, lo cual implica esta transformación más allá de ser rebeldes; si sabemos ser revolucionarios, lo que significa querer cambiar no sólo la política, sino el Estado, lo público, es decir, todo, toda nuestra vida, veo que otro escenario es posible. Solamente así las juventudes podemos asumir un rol central en la política, en el Estado y en la sociedad, pero con eso no es suficiente. Precisamente, desde Colombia estamos convocando a la movilización de toda la humanidad. Y para abolir la autocracia necesitamos a los adultos, contar con ese diálogo intergeneracional democrático para que pueda darse esa movilización. Ya lo decía Margaret Atwood en su libro Cultura y Compromiso, es necesario ese diálogo intergeneracional democrático, donde reconozcamos las posiciones diversas, nos encontremos con las demás sociedades, pero también valorando la sabiduría, el acumulado de la experiencia de las personas mayores, es decir, tenemos que intercambiar igualmente ideas con las generaciones más recientes, porque manejamos lenguajes, contextos, códigos y esquemas de pensamiento diferentes, pero muchas veces coincidentes, y con base en esas coincidencias y diferencias, debemos intentar cambiar el mundo.

Sin embargo, el contexto en el que nos encontramos es duro, incluso muchos jóvenes ya no creen en el futuro. ¿Cómo lo vislumbra?

Por el contexto en el que estamos, la esperanza es cada vez más un privilegio para los jóvenes, porque nosotros estamos luchando, sí, con esperanza, pero también desde la angustia, la ansiedad, desde la inquietud y desde un instinto de supervivencia. Así ocurre a las juventudes históricamente excluidas. Este tiempo que vivimos nos debe mover desde la indignación, pero también desde el hastío, para decir ya basta. Es un tiempo sobre todo de supervivencia, porque estamos hoy más que nunca al borde de la barbarie, de que la humanidad desaparezca. El presidente Petro ya lo decía en la pasada reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que se realizó en Chiapas, México; ahí refería que la demostración de violencia que está dando el norte global –lo que por otro lado nos moviliza a solidarizarnos por ejemplo con Palestina– es una advertencia de lo que nos espera a los pueblos del sur global si no nos decidimos a hacer los cambios. De acuerdo con nuestro Ministerio de Medio Ambiente, de aquí al 2070, al menos Colombia sería desértica si sigue creciendo la temperatura del planeta. La sostenibilidad de la vida misma pende de un hilo, porque nos encontramos en tiempos de emergencia climática, a la puerta de la extinción de la especie humana y en plena sexta extinción masiva de especies. Aunque nosotros los jóvenes tenemos la mala maña de querer seguir existiendo, de vivir. Pero sólo una conciencia ideológica, en la praxis, es la que nos puede movilizar para el cambio.

Es necesario un diálogo intergeneracional democrático, donde reconozcamos las posiciones diversas

Algo que nos ha hecho ver Colombia, a través del documental ‘Petro’, es que los jóvenes, hasta antes de la llegada de su actual gobierno, no habían sido tomados en cuenta en la vida política. Ahora, finalmente consiguen movilizarse y ser incluidos. ¿Cómo lo lograron, qué detonó ese proceso?

Hubo hitos importantes que, digamos, fueron la ebullición de este proceso, como el estadillo social del 2021, las grandes movilizaciones por el asesinato del abogado Javier Ordoñez a manos de la policía, o el paro nacional que inició con fuerza el 21 de noviembre de 2021. Sí hay todo un proceso social que nos antecede y nos lleva a estas protestas. Hay un acumulado histórico de movilizaciones, y podríamos remontarnos, tal y como lo hace el grupo de estudios de lucha social del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), hasta el paro cívico de 1977, las marchas en contra del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el paro estudiantil del 2011, así como el paro agrario del 2013, y luego del 2014, que llevó a la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular en la cual participamos, o la movilización de la consulta popular para frenar proyectos de extractivos de minería, en protección de las comunidades ancestrales. Hemos puesto una vitalidad a esas luchas y a todas estas causas, más allá de la militancia política que hemos mantenido desde el 2011 con el actual presidente. Este es el proceso histórico que normaliza que las juventudes estemos en el centro de la guerra, pero el poder se escandaliza con el hecho de que las juventudes estemos ahora en el centro del gobierno y lo ve como anormal. El adultocentrismo, como lo han reseñado académicos, significa que cuando el hombre adulto manda a las mujeres a la marginalidad, también manda a las infancias, a las juventudes; es un problema estructural y propio de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, creo que el motor para que esto empiece a cambiar pasa por asumir una conciencia histórica generacional. Si uno lo ve desde la perspectiva de la crisis climática, puede ver desde esta mirada generacional que hay una violencia acumulada; las generaciones más recientes ven en la deforestación y la contaminación un acumulado que se resume en la devastación del planeta por el sistema capitalista que antecede a nuestra existencia. También podemos ver que nuestra generación, en el caso de Colombia ha sido así, somos de las generaciones que más tardamos en salir de la casa de nuestros padres y en proyectar nuevamente nuestra vida. En Estados Unidos, le han llamado la generación del desgaste mental; se le conoce como burnout, cuando los jóvenes estallan, se quiebran, están quemados: esto es un síntoma de la salud mental que se vive en todo el mundo.

Hacemos una pausa en la entrevista por interrupciones inesperadas, observo la estantería de libros que están detrás del escritorio del embajador, y este me advierte sobre una iconografía de Simón Bolívar, el gran personaje de la historia al que se conoció como el Libertador de América, y de quien asegura que “ya era un dirigente popular, siendo aún muy joven”. Así, pues, continuamos charlando. Le pregunto por los proyectos que están dirigiendo a los jóvenes y, en seguida, me cuenta que se ha puesto en marcha el programa nacional Jóvenes en Paz, el cual busca reconocer a este grupo de la población que ha sido la carne de cañón de la guerra en Colombia. En términos generales, refiere, se trata de llegar a jóvenes que viven en zonas con altos índices de violencia, y de promover su participación más activa, brindándoles una alternativa de vida, opciones de estudio, vinculación laboral, así como apoyo económico y asistencia social; en pocas palabras, “es un programa transversal de compromiso con las juventudes colombianas, porque en el gobierno de Gustavo Petro los jóvenes tienen un rol central”, vuelve a acentuar el joven diplomático.

Precisamente es la juventud de Ninco la que ha jugado en su contra desde que fue nombrado embajador de Colombia en México, por lo que retomamos el tema de la controversia por su designación, que él refiere como “un quiebre con la opinión pública”. El debate que envuelve su designación no sólo tiene que ver con su juventud, sino también con el hecho de que el embajador Ninco Daza no cuente con un título universitario. Sobre esta cuestión, él mismo explica lo ocurrido: “Realmente, el hecho de que no tengo título responde a una cuestión muy concreta”. Ninco comenzó sus estudios en Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Sergio Arboleda, en la que también Duque era profesor universitario. Pero en el 2018, junto a Marco Emilio Hincapié, quien fue el presidente del Consejo Nacional Electoral en Colombia, se convierte en responsable electoral como inscriptor de Colombia Humana. “En ese sentido, tenía una interacción con la Registraduría (la entidad que se encarga de los procesos electorales y la participación ciudadana) y, a partir de esa relación, es que veo que en el tema del cuidado del voto hay ciertas irregularidades, tendientes a afectar el resultado de la votación. Nosotros tenemos información directa respecto a un fraude en el 2018 a través del software de la Registraduría, y empezamos a ver el papel temporal de la empresa Disproel, que era la contratista de las elecciones. Lógicamente, la Registraduría subcontrata la organización de las elecciones en Colombia, y la principal empresa de esa unión temporal era Thomas Greg and Sons, que ha sido señalada por fraudulenta. Así que, con el senador Gustavo Bolívar, organizamos una investigación para abrir un debate sobre el fraude electoral, y ni siquiera lo dejaron programar: a ese nivel era la confrontación en el Congreso. Yo iba a hacer una tesis de grado sobre este tema, y elijo un tutor que, en cada mensaje que me llegaba, me decía que cambiara el tema porque no le iba a gustar al director de la facultad, que era justo el alto comisionado para la legalidad del expresidente Iván Duque. Así que, preferí dilatar mi proceso académico en aras de poder seguir mi investigación y hacerla pública en otra forma diferente a la tesis de grado, así eso me cueste la posibilidad de graduarme. Y aquí estamos, en medio de estas polémicas”.

Respecto de los nombramientos que hizo en la embajada de Colombia en México, el propio presidente Gustavo Petro ha declarado en su cuenta oficial de X (antes Twitter) que todas sus asignaciones fueron demandadas y los jueces fallaron en su contra: “Los funcionarios que nombré lograron la liberación de decenas de colombianos retenidos por bandas en México y salvaron la vida de decenas de mujeres que eran conducidas a la esclavitud sexual. El único funcionario de alto nivel no demandado y que permanecerá en su cargo es el que nombró Duque”, reza su mensaje. Hasta ahora, ha trascendido la anulación, por parte del Consejo de Estado, del nombramiento de Andrés Hernández como cónsul de Colombia en México. Mientras que Moisés Ninco está todavía en el ojo del huracán de la misión diplomática como embajador de Colombia en México. Sin embargo, él continúa con sus labores al frente de dicho cargo, atendiendo los diversos asuntos relacionados con el tránsito de migrantes colombianos a México, otro tema prioritario ante la política migratoria de contención de Estados Unidos, que hoy mantiene una crisis humanitaria en la zona de América Latina y el Caribe. Crisis que, como asegura el embajador, sólo puede enfrentarse no ya desde una política de izquierda o derecha, sino desde una política de la vida y no de la muerte, como la que perpetúa y promueve hoy el genocidio en Gaza. Al terminar nuestra conversación, Ninco me agradece el haberle permitido tener este espacio “para hacer justicia de nuestra historia y de nuestro nombre”.

Álvaro Moisés Ninco Daza es un joven colombiano de treinta años que a mediados de febrero fue nombrado por el presidente Gustavo Petro embajador de la República de Colombia en México. Su designación ha sido polémica desde el inicio, sobre todo porque existe la idea generalizada de que para ocupar tal cargo se...

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Autora >

Liliana David

Periodista Cultural y Doctora en Filosofía por la Universidad Michoacana (UMSNH), en México. Su interés actual se centra en el estudio de las relaciones entre la literatura y la filosofía, así como la divulgación del pensamiento a través del periodismo.

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