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Fondo de armario

Pendiente resbaladiza

La segunda novela del nigeriano Chinua Achebe, ‘Me alegraría de otra muerte’, es un breve y profundo tratado sobre África

Raúl Gay 30/12/2015

<p>Lagos, Nigeria.</p>

Lagos, Nigeria.

Stefan Magdalinski

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África puede ser ese continente al sur del sur y del que nunca llegan noticias buenas; puede ser un conglomerado de lenguas, religiones y gentes del que apenas sabemos diferenciar unos pocos países; o puede ser un vasto territorio en el que podemos encontrar literatura de calidad. Estamos acostumbrados a leer libros de autores españoles, estadounidenses (por supuesto), latinoamericanos (desde el boom), europeos, algún asiático que parece moderno y exótico pero es un bluf (¿Muraqué?)... Pero los africanos que llegan a las librerías y al conocimiento de los lectores de a pie son escasos (Coetzee, Naguib Mahfuz y poco más).

A través de Literafrica he descubierto todo un continente literario, con escritores que no sólo enseñan costumbres de su país, sino que escriben buena literatura.

Chinua Achebe era un absoluto desconocido para mí hace unas semanas, pero termino Me alegraría de otra muerte con ganas de leer más novelas suyas. Fue un escritor nigeriano que escribía en inglés y cuya ópera prima es la novela más leída de la literatura africana moderna. Escribir en una lengua extranjera (como hicieron Kundera o Kadaré) es una decisión moral; más todavía hacerlo en inglés, en un mundo cada vez más colonizado por este idioma y en un continente donde escribir y publicar en tu propia lengua puede ser un gesto de resistencia. Otros escritores africanos criticaron la decisión de Achebe, y éste respondió que prefería utilizar la lingua franca del continente para llegar a todo el mundo.

El título original de la novela es No longer at ease, que se podría traducir como Ya no a gusto o Ya no se está bien aquí y proviene de unos versos de T.S. Eliot. Pero en la edición para España se ha preferido tomar otro verso del mismo poema y titular Me alegraría de otra muerte. Una decisión editorial que yo no comprendo, pues la clave de la novela es, precisamente, que el protagonista no se siente a gusto en su país natal, Nigeria. Cosas del marketing, supongo.

Independencia política, dependencia económica

Estamos en los años 50, época de transición entre el neocolonialismo y los procesos de independencia. Aunque se abren ciertos espacios a los negros, los occidentales (blancos) todavía ostentan y detentan el poder. Dice uno de los personajes, en un club de tenis donde los camareros son los únicos negros:

—El hecho es que desde el principio de los tiempos el africano ha sido víctima del peor clima del mundo y de todas las enfermedades imaginables. No se le puede culpar por ello. Pero esto le ha socavado física y mentalmente. Le hemos traído la educación europea. Pero ¿de qué le sirve?

El protagonista es Obi Okonkwo, un joven que viajó a Inglaterra a formarse y ahora vuelve para tener “un cargo europeo". Lo hizo con dinero prestado de una asociación de su ciudad, que busca mediante estos préstamos ofrecer a los suyos unos estudios en la metrópoli para que los defiendan de los blancos al regresar. Su partida es celebrada con una misa (la dicotomía entre cristianismo y religiones tradicionales es importante en la novela), una comida y discursos:

—En el pasado —le dijo—, Umuofia te hubiera pedido que lucharas en sus guerras y trajeras de vuelta a casa cabezas humanas. Pero esos eran tiempos de tinieblas, de los cuales hemos sido redimidos por la sangre del Cordero de Dios. Hoy te enviamos para que nos traigas conocimientos. Recuerda que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. He oído hablar de hombres de otros pueblos que fueron al país de los blancos, pero en vez de centrarse en sus estudios se dedicaron a perseguir los placeres de la carne. Algunos incluso se casaron con mujeres blancas.

 El grupo murmuró su profunda desaprobación ante esta conducta.

—Un hombre que hace tal cosa está perdido para su gente. Es como lluvia desperdiciada en el bosque. Yo habría sugerido buscarte una esposa antes de que te fueras. Pero ahora ya no hay tiempo. Y, de todos modos, sé que no debemos preocuparnos en lo que a ti respecta. Te enviamos a aprender de libros. El esparcimiento puede esperar. No te apresures a arrojarte a los placeres del mundo, como la joven antílope que se quedó coja de tanto bailar antes de que hubiera llegado la mejor pieza.

Obi ve Nigeria cambiada a su vuelta. O, mejor, es él quien ha cambiado durante sus años en Londres. En lugar de Derecho, estudió Literatura; ya no cree en el dios de sus padres ni lee la Biblia; y, claro está, perdió el tiempo con amigos y chicas. Su entorno lo toma por europeo y los europeos colonizadores lo ven como un negro con ínfulas. No se siente en casa. En la celebración, se evidencia la distancia física y mental entre Nigeria y Londres en 1950. El país de los blancos debe de estar muy lejos, llega a decir uno de los ancianos del pueblo.

El racismo según las clases sociales

La familia de Obi es gente devota, reniega de las leyendas y mitos paganos y son pobres. Valoran el estudio y la constancia, aquella idea de que el hijo llegue donde el padre no pudo. La novela está salpicada por refranes, muchos de los cuales aluden a la necesidad de dedicarse al trabajo antes que el placer. Una persona que no se ha hecho un hueco en el suelo no debe perder el tiempo en busca de una esterilla.

Con el título bajo el brazo, Obi empieza a trabajar en la Administración del Estado, todavía dominada por blancos. Junto a las humillaciones y los insultos velados y al descubierto que sufre, también llegan los privilegios y un dinero inalcanzable para la mayoría de la población. Achebe muestra una Nigeria pobre, desigual, racista, clasista y atrasada. Un país en el que hay castas, corrupción cotidiana y en el que un título universitario cambia todo:

Una licenciatura era la piedra filosofal. Transmutaba a un oficinista de tercera que ganaba ciento cincuenta libras al año en un funcionario que cobraba quinientas setenta, con coche y una casa de lujo por una renta puramente nominal. Y esto era sólo la mitad de la historia. Ocupar un “cargo europeo” era lo segundo mejor después de ser europeo. Elevaba a un hombre desde las masas hasta esa élite cuya conversación en los cócteles giraba en torno al comportamiento del coche.

Achebe es un escritor inteligente. En la novela no hay buenos y malos, todos tienen tentaciones, rasgos de bondad, caprichos… El protagonista se acostumbra pronto a la vida fácil, que él considera moderna. Quiere casarse con una chica aun con la oposición de su familia y su pueblo, y no duda en dejarlos atrás. Pero en el camino también deja su integridad. El libro, de hecho, comienza con un juicio, en el que Obi es el acusado.

Me alegraría de otra muerte es un libro breve pero profundo. No habla de África, o no sólo; no habla de religión, o no sólo; no habla de tradición y modernidad, o no sólo. Es una gran novela con personajes muy humanos que pregunta al lector: “Y tú, ¿ya no te sientes a gusto? ¿O eres como todos?”.

Me alegraría de otra muerte
Chinua Achebe
Prólogo y traducción: Marta Sofía López Rodríguez
Debolsillo, 2012
189 páginas

África puede ser ese continente al sur del sur y del que nunca llegan noticias buenas; puede ser un conglomerado de lenguas, religiones y gentes del que apenas sabemos diferenciar unos pocos países; o puede ser un vasto territorio en el que podemos encontrar literatura de calidad. Estamos acostumbrados a leer...

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Autor >

Raúl Gay

Periodista. Ha trabajado en Aragón TV, ha escrito reseñas en Artes y Letras y ha sido coeditor del blog De retrones y hombres en eldiario.es. Sus amigos le decían que para ser feliz sólo necesitaba un libro, una tostada de Nutella y una cocacola. No se equivocaban. 

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