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Núria Espert / actriz

“Quienes critican la Transición han nacido en un tiempo feliz y democrático”

Francisco Pastor 15/01/2017

<p>La actriz Núria Espert, en una fotografía de archivo.</p>

La actriz Núria Espert, en una fotografía de archivo.

RTVE

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Núria Espert  (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1935) descansa, durante cinco días, de la gira de Incendios, la obra de Wajdi Mouawad con la que el madrileño Teatro de la Abadía vendió todas las entradas el pasado otoño. Es un trabajo coral, que mantiene la acción durante tres horas y en el que, entre otras cosas, Espert recita que “la infancia es un cuchillo clavado en la garganta”. “Bueno, pues ese monólogo es un puñal que se me clava a mí”, cuenta la actriz, por teléfono, desde su casa de Madrid: una ciudad en la que, hasta que el recorrido acabe, en abril, promete pasar poco tiempo.

El género literario del monólogo acompañó también a la intérprete, hace cinco años, en La violación de Lucrecia, de William Shakespeare, a las órdenes de Miguel del Arco, y en la que la actriz encarnó a doce personajes diferentes. También estuvo presente cuando esta recogió, el octubre pasado, el Premio Princesa de Asturias de las Artes: el mismo que guardan Pedro Almodóvar, Michael Haneke o Bob Dylan, y que reconoce toda una trayectoria. El de Espert sobre las tablas es un camino que empezó hace más de 65 años y que, al poco tiempo, se chocó de bruces con la censura franquista. También, el que la llevó, en cuanto llegó la democracia y durante dos años (1979-1981), a codirigir el Centro Dramático Nacional junto a José Luis Gómez y Ramón Tamayo.

Atrás quedan alrededor de medio centenar de montajes y un repertorio en el que se repetía, en especial, no solo el nombre de Shakespeare, sino el de Federico García Lorca: los dos autores cuyos versos declamó al recoger el premio en Oviedo. Una carrera en la que la actriz, incluso, ha montado óperas y en el que Medea, aquella asesina creada por Eurípides, nunca acaba de marcharse. El de Asturias es un reconocimiento que llega más de dos décadas después del Premio Nacional de Teatro, en 1984. O de que el Covent Garden de Londres le encargara su primera pieza como directora: La casa de Bernarda Alba. “Papel soñado, no conservo ninguno, porque cuando sueño con un papel, lo hago”, celebra Espert.

Recitó a Lorca y a Shakespeare al recoger el Princesa de Asturias. ¿Les debe mucho?

Sí, aunque eso no pague nada de todo lo que ellos me han dado a mí. Eran dos genios de la misma talla, y creía necesario traer a los poetas a la primera línea. Uno es contemporáneo y el otro clásico, y el jurado, en su fallo, se refirió a mí así: un nexo de unión entre lo contemporáneo y lo clásico. Todo lo que preparé para aquel día vino de aquel elogio. Y el discurso emocionó, porque las palabras llegaron de un modo inesperado. Si no hubiera recitado los versos de otros, nada que yo hubiera dicho habría resultado nuevo. La gente encontró poesía en un lugar donde se escuchan discursos obvios.

Aprendí de los obreros que recitaban en los nidos de arte del barrio

¿Cuál es la Núria Espert clásica y cuál la contemporánea?

Creo estar viva dentro del momento que estamos viviendo. La política me ha interesado siempre, y siempre me interesará. Mis ideas se han robustecido con los años, y lo que yo sentía de pequeña es lo que he votado de mayor. Y lo clásico: yo empecé recitando. Mis padres eran aficionados al teatro, y se casaron y dejaron de actuar porque yo estaba allí, enredando. Pero calmaron su afición enseñándome a declamar, entre otros, a Rubén Darío. Y luego aprendí de los obreros que recitaban en los nidos de arte del barrio.

Una vez contó que los nidos de arte eran un martirio.

¡Claro! Actuar en ellos. Una cosa era estar en mi barrio, un día de fiesta, encima del mostrador del carnicero, y decir un versito que me hubiera enseñado mi madre. Y otra cosa era actuar frente al público y escuchar los aplausos al final. El lunes estaba contenta. El martes, más nerviosa. Hasta que llegaba la angustia del viernes y el sábado, a sabiendas de que el domingo me tocaría recitar. Nunca me rebelé, nunca lloré y dije no, pero vivía atormentada. Cuando pasé al teatro Romea [de Barcelona] tenía 13 años, y actuaba paralizada de terror. Tardé mucho en recitar calmada mis cuatro frases, concentrada en decirlas bien. Me sentía incapaz, cada día.

¿Se acostumbra alguien al verso?

Sí, claro. Recitaba desde muy niña, esa fue una de mis armas: Calderón, Lope de Vega. Después, con el paso de los años, la vida me dio un regalo extraordinario, los centenares de recitales con Alberti. Los poetas declaman sus versos cantándolos. Lo que más les importa es la música de las palabras, no las palabras en sí. Eso lo comprendí profundamente con él: y aunque nadie, ni siquiera los actores, pueden recitar, ni deben, como los poetas, se aprende muchísimo de esa melodía interior. Y mis ganas de aprender, eso hay que reconocérmelo a mí.

¿Es cierto que un día Armando Moreno, su marido, le dijo que ya le había enseñado todo lo que él sabía?

Mi marido era un ayudante de dirección de cine que se convirtió en un hombre muy importante de teatro, y eso ocurre muy pocas veces. Me enseñó a creer en mí. Dirigió maravillosamente tres o cuatro funciones, y él, que me veía desde el amor, sabía que había mucho camino por recorrer, y que él no era la persona que me podría hacer crecer más como actriz. Pensó que, si seguíamos creando juntos, yo me quedaría ahí. Y empecé a trabajar con otros nombres.

La censura permitía la misma obra en unos grupos sí, pero en otros, no

Con Víctor García. Y entonces, la policía franquista empezó a apostarse en la puerta del teatro.

Sí. Las comedias populares, como Un marido debajo de la cama, no encontraban ningún problema. Y tampoco algunos títulos del repertorio internacional. Pero con autores como Sartre o Brecht, nos salíamos del tiesto enseguida. La censura nos prohibió hasta a Fernando Arrabal o a Buero Vallejo. O permitían la misma obra en unos grupos, pero no en otros. Ahora: en esto no hay nada de heroico. En el extranjero, cuesta mucho explicar que no se trataba de mí, que no era ninguna Angela Davis. Toda una parte de la sociedad, contraria al Gobierno, estaba tachada: listas negras, juicios militares contra actores.

Sí se permitió Las criadas, que no gustó en Barcelona pero triunfó en el extranjero.

En el teatro Poliorama, Adolfo Marsillach estaba teniendo un éxito extraordinario, y la gente iba como loca a verle. Hacía Marat/Sade, de Peter Weiss. Un espectáculo magnífico, de los mejores que jamás había levantado. Pero, de repente, le llegó una prohibición del autor: Weiss se enteró de las atrocidades de los franquistas, y dijo que su obra no se daba en España. Adolfo trató de convencerle de lo contrario, pero no quería desobedecerle, y el teatro cerró.

A nosotros, el franquismo nos había prohibido un Arrabal en el teatro Reina Victoria, de Madrid, y estábamos desolados. Nos llamaron del Poliorama y nos dijeron: ¿tenéis algo que no os hayan censurado? Y dijimos que sí, que Las criadas, de Genet, y nos fuimos allí. Pero tuvimos muy malas críticas y la gente no vino a vernos. Nos fuimos al festival de Belgrado, de los más importantes del momento, con el aval de que Víctor había ganado el premio el año anterior, y volvimos a ganar. Mejor espectáculo y mejores actrices, Julieta [Serrano] y yo. En Madrid se nos recibió con los brazos abiertos. Y luego, vuelta a empezar: se nos prohibió irnos de gira.

Y hoy, ¿teme las malas críticas?

Los críticos son, por naturaleza, como los actores: arbitrarios. A unos les gusta un teatro y a otros, otro. Si son de contemporáneo, se aburrirán en el teatro de la comedia. Y así con cada espectáculo que montamos. Yo no leo las críticas, no por soberbia, sino porque me influyen. Si creo en algo y no gusta, eso me empequeñece. Yo le pregunto a mi hija cómo ha ido, y me da una idea, pero yo no las leo. Claro que aún hoy me encuentro algún resbalón. Los éxitos no se encadenan.

Una crítica de Incendios compara la obra con Sófocles. ¿Comparte aquello de que no se ha contado nada nuevo desde el teatro clásico?

Sí, pero hay otras miradas y otras formas de contarlo. Que el mundo cambia es una obviedad, y hoy las cosas envejecen a los dos días, cuando antes tardaban diez años. Ocurre en la política, en la literatura y, por supuesto, en el teatro. Cuando descubrí La violación de Lucrecia hace tres décadas, pensé en una interpretación muy discreta: yo vestiría un traje renacentista, el libro en las manos, en un ambiente pequeño con muy poca gente. Al final no lo hice, aunque confiaba mucho en aquel poema desconocido. Cuando lo releí, 30 años después, pensé: ¡no, qué es eso del libro y el vestido! Y montamos la obra.

Viajaba con mis espectáculos, porque yo no confiaba en que aquello saliera bien sin mí

¿Qué aprendió al empezar a dirigir?

Primero dije que no quería dirigir, muy convencida. Y no es no. Pero, igual que le ocurrió al no es no actual [ríe], me acabaron convenciendo. Glenda Jackson quería interpretar, en Londres, La casa de Bernarda Alba. Sigo creyendo que era la única obra, por su sencillez, que yo era capaz de montar entonces. Llegué hablando como un indio, pero ellos no querían mis indicaciones, sino mi ejemplo. Así que con 20 palabras de vocabulario nos entendíamos: more, more, less, less y poco más. Se me quedó el cuello enganchado para dos o tres años. Viajaba con mis espectáculos, porque yo no confiaba en que aquello saliera bien sin mí. Lo recuerdo con cariño, pero viví durante meses en la ansiedad. Hasta que empecé a cancelar contratos y dejé de dirigir, tuve una depresión fortísima.

En su repertorio como intérprete, tiende a la tragedia.

Quizá por el éxito de la primera que interpreté: Medea. Nadie sabía quién era yo, entonces. Ni siquiera yo me conocía bien. Decían que no llegaría sana hasta el final de la función, porque las tragedias griegas necesitan unas facultades muy especiales. Pero yo, por inconsciencia, ellos, por desesperación, nos lanzamos. La prueba consistía en que yo debía alejarme y gritar. Y salió: descubrimos que yo era una trágica. Nos quedamos impresionados. Luego, al estudiar en Madrid, fui acudiendo más al drama, a Ibsen y a Chéjov.

¿Es una descubridora de textos, como le dicen?

No, no. Desde luego, no he hecho todo el teatro contemporáneo que debía. Siempre me pregunto, si en su día me hubieran entregado El público, de Lorca, ¿cómo hubiera reaccionado? ¿Lo habría visto claro, o habría dicho cualquier tontería? Esa obra es como un libro de texto, digamos, porque sigue siendo igual de misteriosa y atractiva, igual de incomprensible para mí. Han pasado años hasta que los espectadores han llenado las salas donde lo representaban. Si algún visionario hubiera montado aquello en los años 40, ¿quién habría ido?

¿Hay una brecha entre la alta cultura y la cultura popular?

A veces, sí. Cuando el arte culto es muy elitista, y el popular es muy chabacano y de baile agarrao, hay una brecha enorme. Si el gran arte consigue comunicarse con la gente, ahí las experiencias se cierran. Vemos comedia, y sabemos adónde vamos, y luego, Todos eran mis hijos, de Miller, y también. Yo soy capaz de disfrutar de las dos cosas: aunque me gustaría tener más gracia y ser más apta para la comedia.

¿Es responsabilidad del artista cerrar esa brecha?

Nos echan encima muchas responsabilidades a los actores y a la gente de las artes, cuando la cultura empieza en la escuela y sigue en la casa de las personas, en las amistades. Y después, uno elige, y todo el mundo elige el fútbol. Mucha gente de mi gremio, también, aunque no sea mi caso. Y están los libros, la ópera, los conciertos. Hacemos todo lo que se puede hacer para acercarnos a la cultura popular. Lo hacemos los artistas, no los gobiernos. De hecho, no oigo que los políticos hablen de cultura, ¡cuando hemos estado empapándonos de escucharles todos estos meses!

Pero, decía, la política siempre le interesará.

Sí, pero el PSOE, ese partido al que yo he votado siempre, en todos los comicios, está hecho añicos. Les diría que empezaran desde cero, pero tampoco creo ver a las personas que puedan hacer ese trabajo. No me inspiran esa confianza. Ahora, también creo que estoy hablando como lo hago yo, desde fuera, sabiendo que nadie espera nada de mí.

El PSOE, ese partido al que yo he votado siempre, está hecho añicos

Dirigió el Centro Dramático Nacional durante la Transición. ¿Entiende a quienes, hoy, desmerecen lo que ocurrió aquellos años?

En absoluto. Quienes critican la Transición han nacido en un tiempo feliz y democrático y se permiten pensar en los hubieras y hubieses. Y quienes la vivimos la defendemos. ¡Menudo descubrimiento, que la Transición fue mejorable! Mejorables somos todos, también quienes dicen estas cosas. Sí, supongo que, de habernos dejado matar por Franco, hoy nos verían como héroes, pero en lugar de eso decidimos que perdíamos todos, y sacrificamos nuestra ideología. Lo hicimos para congeniar con gentes con las que antes nos matábamos. Ese libro de nuestra historia está muy bien escrito y nos ha hecho progresar mucho. No entiendo que se desprecie hoy nuestra democracia. Estamos en un momento político muy feo.

El monólogo de Lorca que declamó al recoger el Princesa de Asturias, Doña Rosita, habla del paso del tiempo. ¿Aludía a la realidad, más que a la ficción?

No, no. Su personaje cuenta los 45 años, que sería la edad que yo tendría cuando la interpreté por primera vez. Y ya entonces era ella, Rosita, la que hablaba. No era yo. El espejo solo me aterra en el cine, porque sé que detrás de él se encuentra el villano. En la realidad no hay ningún temor, ni ninguna sorpresa. Me dice cómo estoy cada día de mi vida, y no hay ninguna reflexión que hacer al respecto. En Oviedo [al recoger el premio], yo recité a Lorca cumplidos los 81 años. Pero era Rosita la que hablaba, de nuevo. Solo ella.

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Autor >

Francisco Pastor

Publiqué un libro muy, muy aburrido. En la ficción escribí para el 'Crónica' y soñé con Mulholland Drive.

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27 comentario(s)

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  1. Sergio

    Como cualquier periodo histórico, la Transición puede ser objeto de crítica, señalando sus pros y sus contras sin perder de vista el contexto en el que se produjo. Decir que fue un fracaso porque se hizo o se dejó de hacer tal cosa es un ejercicio que se acerca más a la 'historia-ficción' que al análisis histórico. Y achacar todos los males actuales a lo que se hizo entonces significa eludir una responsabilidad que como ciudadanos tenemos para mejorar una democracia que tiene tantas imperfecciones como cualquier otra. Los partidos tradicionales se muestran incapaces de mejorarla, unos por falta de voluntad (PP) y otros por ausencia de proyecto político (PSOE). Con los nuevos partidos está por ver si serán capaces de llevar las palabras a los hechos. Así pues, deberemos ser nosotros, con nuestra actitud, actuaciones y votos, los que marquemos el rumbo de nuestra democracia. Ese fue, al fin y al cabo, el mayor logro de la Transición: devolver el poder de decisión al pueblo.

    Hace 5 años 10 meses

  2. Sergio

    Como cualquier periodo histórico, la Transición puede ser objeto de crítica, señalando sus pros y sus contras sin perder de vista el contexto en el que se produjo. Decir que fue un fracaso porque se hizo o se dejó de hacer tal cosa es un ejercicio que se acerca más a la 'historia-ficción' que al análisis histórico. Y achacar todos los males actuales a lo que se hizo entonces significa eludir una responsabilidad que como ciudadanos tenemos para mejorar una democracia que tiene tantas imperfecciones como cualquier otra. Los partidos tradicionales se muestran incapaces de mejorarla, unos por falta de voluntad (PP) y otros por ausencia de proyecto político (PSOE). Con los nuevos partidos está por ver si serán capaces de llevar las palabras a los hechos. Así pues, deberemos ser nosotros, con nuestra actitud, actuaciones y votos, los que marquemos el rumbo de nuestra democracia. Ese fue, al fin y al cabo, el mayor logro de la Transición: devolver el poder de decisión al pueblo.

    Hace 5 años 10 meses

  3. Dámaso

    Nadie de mi entorno ha tenido una vida feliz en esa "democracia", ni gracias a ella, y yo tampoco. La felicidad tiene que ver con un estado personal positivo, es una manera sana y limpia de ver la vida con la mente libre, liberada de la basura mediática y adoctrinadora, evidentemente desde el primer día de escuela. Respecto a la transición, fue un fraude, un engaño brutal que aún padecemos. Creo sinceramente que Podemos puede ser el catalizador para el verdadero cambio y le voy a dar una oportunidad.

    Hace 5 años 10 meses

  4. ksmtpay

    Totalmente de acuerdo contigo, Sísifo. Yo que era joven entonces, PERO NO TANTO COMO PARA NO ENTENDER DE POLÍTICA y tenía (como ahora, más de 40 años después) ideales de izquierda, senti verguenza por TODOS los partidos que se suponía representaban la izquierda en España. Si, se bajaron los pantalones de forma vergonzosa. Quizás por eso mismo, los que aún siguen vivos intentan justificar, de modo vergonzante, esa rendición a una pseudodemocracía que tenía que llevarnos, INEVITABLEMENTE, a la miseria actual

    Hace 5 años 10 meses

  5. Otrocualquiera

    http://www.eldiariocantabria.es/articulo/cantabria/jovenes-enfrentan-42-anos-carcel-protesta-defensa-educacion-publica/20170116172327024358.html Pero feliz feliz. Y democrático .. ni te cuento.

    Hace 5 años 10 meses

  6. ksmtpay

    Otra que repite el mismo cuento engañabobos y asustaviejas de siempre: "si no hubéramos aceptado la "democracia" (¡ojo a las comillas") de la Transición, habría vuelto la dictadura". Totalmente falso. Lo peor que podría haber pasado es que algunos, Y NO TODOS, los miliatares hubieran intentado un golpe de estado muy similar al de Tejero y compañía, que hubiera tenido el mismo resultado que el de esos aspirantes a golpistas: un rotundo fracaso; la gran mayoría de la población española de entonces Y MUCHAS NACIONES (ENTRE ELLAS LA SIEMPRE PODEROSA USA) estaban en contra de eso, por lo que era imposible que hubiera triunfado ese hipotético golpe de estado. Pero agarrándose a una hipótesis indemostrable del posible golpe de estado (PORQUE NUNCA SUCEDIÓ) han tenido engañados con esa mentira a miles de españoles/as durante décadas. Han tenido que venir generaciones in ese lavado de cerebro para que empieze a verse la gran mentira que fue esa "MODÉLICA" Transición. La Transición, en realidad, fue una gran estafa para toda España. Y algunos, de buena fe o por oportunismo, siguen alimentando esa mentira.

    Hace 5 años 10 meses

  7. Julio Díaz

    Entre los que alaban la Transición y los que la atacan o critican, hay algo que queda meridianamente claro: lo endiabladamente listos que fueron los dueños del cotarro.

    Hace 5 años 10 meses

  8. Otrocualquiera

    "Cualquiera Típico de los izquierdistas que confunden democracia con revolución. ..." Típico de los fachas (y de pseudoprogres como esta actriz) identificar meter un papelito en una urna, con tener una democracia.

    Hace 5 años 10 meses

  9. guadalmedina

    ¿En serio? ¿De verdad vivimos en una "Democracia tranquila" y no nos hemos enterado? O no me he quitado hoy las legañas o voy a tener que ir al oculista, porque de verdad no entiendo lo que he leído. ¡Y que ESTO lo diga una persona culta y comprometida...!

    Hace 5 años 10 meses

  10. Cualquiera

    Típico de los izquierdistas que confunden democracia con revolución. La transición española no solo fue modélica sino que, además, ha otorgado a este país una estabilidad y un bienestar absolutamente desconocidos en su historia. Pululan por aquí señores que creen que la izquierda, tras la muerte de Franco, debería haber reclamado una especie de derecho a gobernar revolucionariamente independientemente de lo que quisieran los ciudadanos españoles lo que es indicativo de que siguen sin superar sus tendencias totalitarias y liberticidas. Afortunadamente la inmensa mayoría del pueblo español no estaba con ellos, estaba con la democracia y así lo manifestaron en todas y cada una de las oportunidades en los que se les consultó. Asi que sigan ustedes viviendo en el rencor y la venganza que el resto de españoles solo damos las gracias a aquellos que nos trajeron la democracia sean del signo que sean y tengan la ideología que tengan. Su inteligencia, su generosidad y su sentido de estado han permitido a este país estar entre los primeros del mundo mientras que los que viven bajo la bota totalitaria del comunismo dictatorial viven en la más absoluta de las miserias.

    Hace 5 años 10 meses

  11. Mariano

    Muchos de estos que critican tanto no se donde estaban entonces y si realmente, entonces que era cuando había que hacerlo, eran tan consecuentes y estaban en la lucha o si lo veían pasar??? Claro que es muy fácil para los que se lo pusimos fácil, criticar, pero yo creo que hay que saber del momento histórico en que se vivió todo ésto. Donde estábais entonces???

    Hace 5 años 10 meses

  12. Pacifista

    Totalmente de acuerdo con el titular. Por fin una persona inteligente en este periódico.

    Hace 5 años 10 meses

  13. Belenos

    Con una sola frase, esta señora, explica en que ambiente y con que presiones se vivio lo que ellos llaman transición: " O esto o mas dictadura..." Para estar orgulloso vamos y aun tiene la cara de criticar. Salud

    Hace 5 años 10 meses

  14. lagranzorra

    Pero esta señora en qué mundo vive? Le parece poco que unos titiriteros se hayan pegado 5 días en la cárcel por la censura de su obra? Bueno, diciendo que es votante, y del psoe además, lo ha dicho todo. Y se queda tan ancha. Que jartx estoy de toda esta gente a la que se le llena la boca hablando de la timocracia y de la transacción. A ellxs les fue muy bien, que estaban con lxs ganadorxs, pero no se dan cuenta que la miseria, la censura y la dictadura siguen estando muy presentes.

    Hace 5 años 10 meses

  15. Isabel

    Alicia Moreno Espert (hija de Nuria Espert) En 1999 nombrada por Alberto Ruiz-Gallardón Consejera de Bellas Artes de la Comunidad de Madrid, cargo que desempeñó hasta 2003. Mantuvo vinculación profesional y política con el Partido Popular y con Gallardón desde el cargo de Concejala del Área de Gobierno de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, hasta diciembre de 2011. Tenían todos los frentes cubiertos…

    Hace 5 años 10 meses

  16. Txobluki

    No estoy de acuerdo con lo que dice de la transición, precisamente su querido PSOE está hecho pedazos por eso, por mucho que insistan, la transición española fué algo muy mal hecho y por eso estamos como estamos.

    Hace 5 años 10 meses

  17. mentalmente

    Cuando el tribunal europeo anuló las cláusulas suelo, en la sentencia dice rotundamente: Todo tiene que quedar como si esas cláusulas nunca hubieran existido. Por tanto ninguna negociación sobre las mismas sería legítima. Pues lo mismo con la transición. Nada que se haya negociado tras el golpe de estado es legítimo. Sino parte del golpe de estado. Por tanto, la transición a la partitocracia es el reducto final de ese golpe de estado. Desde el golpe de estado, nada que se haya negociado después es legal. Todo tiene que quedar como si el golpe de Estado nunca hubiera existido.

    Hace 5 años 10 meses

  18. JAN

    Yo también soy mayorcito. Y para que repetir lo que ya han expuesto otros lectores. La transición fue una tragedia para este/estos país / países. Nos hizo infelices e incultos. Cuando fui a ver "Las criadas" todo era ilusión. Después y durante la transición, Nuria ya no emanaba lo mismo. No se si por ella o por la tristeza que yo llevaba encima.

    Hace 5 años 10 meses

  19. Leopoldo Salgui

    vaya simplicidad la afirmación la del titular ... ¿y los que somos viejitos como tú y criticamos activamente la Transición Franquista?, ¿qué calificativo nos reservas? ... me lo imagino

    Hace 5 años 10 meses

  20. berto

    Admiro tu larga trayectoria en las artes escénicas. Para ser analítica política medianamente coherente necesitarías desprenderte de algunas capas de prejuicios

    Hace 5 años 10 meses

  21. GUSTAV

    La transición no fue modélica, el relato está idealizado por aquellos que quieren seguir manteniendo el país como un cortijo particular. La transición posiblemente fue lo mejor que se podía conseguir en aquel momento lo cual la convierte como mucho en aceptable. Pero independientemente de la valoración personal de cada uno la transición se acabó. Ya no se puede seguir con el mismo mantra que justifica uno por uno los robos a la ciudadanía. Hoy tenemos un deterioro social sistemático y continuo, un robo de los bienes públicos y un retroceso democrático palpable en un país que nunca fue precisamente el más democrático y ya no vale la transición para justificarlo todo. Es hora de madurar y de llamar a las cosas por su nombre.

    Hace 5 años 10 meses

  22. andres

    Lo mismo que los anteriores: tengo 60 años no naci en un "tiempo feliz" y crtioco la transicion. ¿Se ha enterado usted de donde ha estado viviendo en los ultimos 40 años? O ¿Tal vez a usted si le fue de p.... madre?

    Hace 5 años 10 meses

  23. Alberto

    La cultura popular nunca sera chabacana. Núria confunde la cultura popular con la cultura de masas, esto es: los artículos de consumo cultural destinados a las masas. El jazz, el flamenco, la narración oral en algunas culturas, son expresiones artísticas muy exigentes. Con frecuencia las élites se apropian del arte popular creando una nomenclatura que los artistas populares desconocen.

    Hace 5 años 10 meses

  24. xavimik

    Esta buena señora no sé en qué mundo ha vivido pero desde luego en el mío no,rotúndamente.La transición sólo fué una estafa política,un engaño alevoso y premeditado para adecuar la dictadura a unos nuevos tiempos,y sobre todo para que los que se beneficiaron de ella no perdieran sus bienes y prebendas conseguidos bajo el paraguas protector del enano dictador,y se lo dice un ciudadano de 71 años.

    Hace 5 años 10 meses

  25. Discrepo

    "pero en lugar de eso decidimos que perdíamos todos, y sacrificamos nuestra ideología". Para nada de acuerdo contigo, Nuria. Los que sacrificaron su ideología fueron los que perdieron tras el golpe de estado militar y los 40 años de represión. Los que vencieron, cuyos herederos siguen gobernando y controlando los aparatos del Estado, jamás han renunciado ni sacrificado a su ideología. Menos aún en tiempos recientes ¿es que no lees la prensa? Los últimos años están llenos de declaraciones de políticos con un tono claramente confrontador y provocador, con un tono claramente adherido al franquismo y admirador de la dictadura. En la transición disimularon un poco de cara a la galería, pero ahora ya ni se molestan en disimular. A los que perdisteis no os quedaba más opción que tragar con la transición, pero eso de que todos claudicaron... por favor, qué broma de mal gusto es esa. Dices que "Estamos en un momento político muy feo." Evidentemente que es feo. La maniobra para apartar a Pedro Sanchez fue un golpe de Estado para evitar la coalición con Podemos, los poderes fácticos herederos de la dictadura no pueden permitir que la verdadera izquierda gobierne. Si han hecho esto, son capaces de volver a hacer lo que hicieron hace 80 años. Eso sí que es feo, porque evidencia que los herederos de los vencedores no han renunciado a nada del franquismo.

    Hace 5 años 10 meses

  26. Sísifo

    No Núria, no. Nací poco antes de los años 50; es decir, viví de primera mano el paso de la dictadura a esto que han dado en llamar democracia. El período «transitorio» no fue sino una bajada de pantalones de toda la izquierda para «pillar cacho».

    Hace 5 años 10 meses

  27. hastalos

    Pues querida Nuria, yo critico la transacción y no nací en un tiempo feliz sino en plena dictadura.

    Hace 5 años 10 meses

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