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EL DECAMERON (XIX)

Jornada decimonovena: Covid-Eugenesia

En CAT se establece que los pacientes de 80 años no tengan acceso a UCIs. La novedad es que el manual aconseja a los médicos mentir a los familiares sobre el hecho de que no hay camas

Guillem Martínez Madrid , 1/04/2020

<p>Lulú, mi bibliotecaria, con su amiga.</p>

Lulú, mi bibliotecaria, con su amiga.

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1- Deportes en mi micro piso. Hoy, esquí, submodalidad salto. Flipo. En la final gano por KO a mi más directo contrincante, Otto Meinchochen, la gran promesa austríaca. El pollo ha sido considerable en redes. Cientos de trolls han orquestado una protesta en Twitter, acusándome de haber practicado juego sucio. Algo absolutamente falso. Es más, el reglamento de la Federación no dice nada del uso del vudú. Finalmente, y tras larga meditación, los jueces han decidido no retirarme la medalla de oro –macizo; espero, en ese sentido, que las casas de empeño entren dentro del Real Decreto de actividades necesarias–, y darle un premio de consolación a Otto. A propuesta de los trolls, esos filántropos, se le ha hecho entrega de diploma y del título de mejor saltador ario. Los trolls, ha quedado claro en esta pandemia, no son el subconsciente colectivo en redes. Son algo plenamente consciente y describible. El resto del día lo he pasado departiendo con el servicio que, como recordarán, tiene, en cada caso, un parecido asombroso con mi geranio. Es más, creo que mi geranio empieza a tener, como todo el mundo en esta casa, personalidad múltiple. Afortunadamente, he encontrado un psicoanalista para vegetales. Mi cactus. Áspero pero profesional. 

2- Conversación con amiguete –piticlín-piticlín– que es corresponsal de guerra, y que me explica lo que está viendo en este otro conflicto, bien diferenciado de una guerra. “Al principio de cualquier conflicto es cuando se ven las escenas más impresionantes. Solidaridad, altruismo. Pero luego, todo se pudre. Y surge en la sociedad una única dirección. El odio. Todo el mundo odia a los culpables, a los que no se cansa de buscar. No están lejos. Suelen ser tu vecino. Creo que ya está empezando a pasar eso”.

3- La revista The Lancet –una de las revistas más prestigiosas del planeta– explica quién es el enemigo real en este conflicto. Un virus. Que se comporta así. En el 33% de las personas infectadas no hay síntomas. En el 55% son síntomas moderados, de chiste. En el 10%, severos. Y en el 5%, críticos. El 15% de los enfermos severos, y el 50% de los críticos, mueren. Lo que estamos haciendo, conviene recordarlo para no ir buscando vecinos, en las redes o en la vida, es confinarnos para salvar la vida a esas cantidades, bajas, de personas en peligro de muerte. Y lo hacemos porque en Europa no hubo previsión. Salvo, al parecer y de algún tipo, en Alemania –un periodista alemán, piticlín-piticlín, me dice que ya en febrero se restringieron las visitas a ancianos y se adquirieron tests–. Y, muy importante, lo hacemos porque en este país se sufrieron unos recortes atroces, que mutilaron la sanidad. Una estructura sanitaria brillante no hubiera evitado el colapso. Una sanidad recortada lo maximiza y multiplica los cadáveres. Hacemos esto, lo sepamos o no, por una serie de políticos ultraliberales –lo ultralib, una opción democrática, se parece al fascismo en que mata y, en ese trance, obtiene beneficios– que en el Estado, y en diversos territorios –brillan MAD y CAT– redujeron el bienestar –es decir, la democracia–, en la anterior crisis. Nosotros somos los que hacemos todo esto. Los trolls son los que hicieron todo aquello. Piensen en ello y conserven la calma. Yo lo hago y, en ocasiones, la conservo.

4- Los trolls –tenemos dos grupos notorios: esp y cat– no emiten actos democráticos de oposición o crítica a la gestión de la autoridad sanitaria. Emiten futuro. Son un indicativo de la reacción autoritaria que habrá después de esto. Después de esto, en fin, seguirá habiendo una crisis de régimen, de la democracia, de la monarquía, y –más intensificada aún– económica. Habrá miles de muertos y una meditación sobre la sanidad y sobre la anterior crisis. En ambas escuelas emisoras de odio –PP y Vox; C’s, poco o nada en esta ocasión–, y JxC –en ocasiones, ERC– se culpabiliza al Gobierno de, literalmente, crímenes. Lo que no es un análisis de la actuación gubernamental –que deberemos hacer cuando esto acabe–, sino el uso de una disciplina esp muy consolidada en pasadas décadas: apropiación de muertos inocentes. 

5- Los trolls y los bots se parecen en que no saben lo que hacen. Es decir, están inmersos en una dinámica propagandística sugerida. En esta crisis, por lo que veo, hay tres grandes sujetos propagandísticos. A) La monarquía. Va a su bola, con gestos de otra época y apropiación del Ejército. Es importante saber que no se ha podido apropiar de ningún otro sujeto en esta crisis. Por ejemplo, los sanitarios. No me veo al rey yendo a un hospital de verdad. Y no lo veo siendo bien recibido. En todo caso, el rey recibe la protección del Gobierno, PSOE, PP y C’s –ayer, con esos votos, se volvió a impedir que Juan Carlos I fuera investigado en el Congreso–, en lo que es un indicio de que la cosa es gorda y que la propaganda chunga que emite Casa Real no es suficiente. El otro pack propagandístico es B) PP-Vox. Donde PP es ciertamente astuto. Muy bueno, incluso. En MAD –un caso dramático por la descoordinación y el recorte de la Sanidad– ha defendido con los hechos, discretamente, el modelo privado. Ataca también discretamente, con collejas certeras y puntuales, a la autoridad sanitaria. Todas esas collejas adquirirán orden y volumen propagandístico tras la crisis. La contundencia la deja para el tema económico. Tras el Real Decreto del domingo ha sacado las garras. Ya no las guardará. ¿Qué hará con esas garras? La actitud de Vox puede ser una ayuda para verlo. Abascal ha propuesto un gobierno de unidad nacional –no necesariamente en Burgos– como respuesta a los crímenes sanitarios –se irá intensificando este concepto, me temo–, y al gasto social del Gobierno de coalición. Esto, traducido –dibujar un pack propagandístico negro y consolidarlo con el pegamento del nacionalismo–, es su pasaje a un Gobierno tripartito en el futuro. La escuela C) es el procesismo. Emite el proyecto propagandístico más radical, poderoso y, por ello, más arriesgado y peligroso –incluso, como siempre, para ellos–. Se lo explico en el punto 9.

6- ¿El Gobierno emite propaganda? Lo hace, por definición. Pero lo hace mal. Es más, está teniendo unos fallos de comunicación abismales. Muchos, como para que no caigan cabezas en el pack comunicación, diría. Les enumero algunos. Se ha centralizado toda la comunicación en Moncloa y en Sánchez. Sánchez funciona. Me temo que es el gran qué de la comunicación gubernamental. Pero es arriesgado sobre-explotarle. En 2004 Aznar centralizó toda la comunicación de una crisis. Y acabó saliendo en globo. Esa centralización impide, además, la horizontalidad de su discurso. Por lo que facilita que el resto de partidos tengan uno. Hubiera sido más razonable integrar a los partidos de la oposición en algo, en un proyecto formal ante la crisis, para que chuparan cámara y cohesionar la cosa. Y corresponsabilizarla. Todas las medidas gubernamentales –sociales y económicas–, por otra parte, son enumeradas desde esa centralidad comunicativa de Moncloa. Sin arte alguno. Sin ponderar, sin resaltar, sin ordenar. Sin sentido ni trascendencia. En lo que es un desperdicio. Todas las medidas y novedades sanitarias fueron anunciadas en un inicio con falta de transparencia. Lo que confiere a la autoridad sanitaria cierta desconfianza. Lo es que es grave en una crisis sanitaria. Su único valor es que no crispa, y aboga por la tranquilidad. Los expertos, a su vez –muy buenos– no aparecen, no existen en la comunicación. Pero sí los militares, un pack, el único, apropiado por el rey. Los militares no gustan mucho ni en todas partes. Además, según evolucione esto –por ejemplo, con motines para adquirir alimentos; en Sicilia, la Italia pobre, ha empezado esa dinámica esta semana–, los militares pueden adquirir rasgos muy/más negativos. El hecho de asumir roles de orden, ya es negativo: cuando un militar habla con un civil en la calle –me ha pasado hace poco– muere, comunicacionalmente, un gatito.

7- El Gobierno ha hecho algo nunca visto en una crisis. Repartirla. Y no le luce. Por la rapidez del cambio de una dinámica austera de años, lo que implica improvisación. Asumible. Pero también por el tema comunicación. Y por un tema político: siendo rápidas, se duda. De manera que algunas medidas van saliendo después de una percepción de retraso. Por otra parte, el Gobierno está agotando un límite, que todos los partidos conocen. El de la costumbre. No va más lejos que el horizonte de lo posible, aún sorpresivo, de los partidos de la oposición, cuando la CE78 ofrece posibilidades, sin desprecintar en 40 años, de acción política y económica sobre lo social. Optar por ellas sería un cambio de paradigma democrático, y dejar a la oposición haciendo chiribitas. La sensación es que, siendo todo nuevo en esta situación, hay miedo a lo nuevo. Decía Arendt que “una crisis no se convierte en catástrofe hasta que respondemos con ideas hechas”. PP-Vox está trabajando la catástrofe y su culpable. Molarían ideas no hechas, no practicadas. Casi todas lo son. 

8-. Un ejemplo. Lo de los alquileres. Un combate entre los ministerios económicos y UP, en el que se ha impuesto un terror. Electoral. El terror al pequeño propietario de pisos. El resultado es un parche, no una solución. La huelga de pagos, convocada por el Sindicato de Inquilinos, empieza hoy. Empezaría igualmente sin ese sindicato, pues la situación es dramática. Y no, precisamente, por el pequeño propietario. Sino por otras construcciones financieras. Carlos Delclós y Lorenzo Vidal han analizado ese propietario en el diario Ara. Tiene una renta anual de 37.807 euros, frente a 23.160 de su inquilino. No todos, además, dependen del alquiler para vivir. El 60% de ellos, en una ciudad tipo como BCN, posee sólo un piso. El resto, varios, muchos o muchísimos. La solución gubernamental –ofrecer al inquilino créditos a bajo interés– supone, por tanto, un sobreendeudamiento del inquilino. En breve tendrá que ofrecer otra solución, y en un momento más dramático. ¿Por qué no una solución nueva/Arendt? El Sindicato propone la Renta Básica. 

9- Esta semana el virus está que arde en CAT. CAT vive su semana MAD. La vive como MAD. Sin materiales, sin coordinación –con el agravante de que tampoco la hay en la única zona aislada del Estado, Igualada–, con las residencias geriátricas abandonadas –y sin datos sobre ellas, salvo los gritos de socorro de sus trabajadores en redes–, sin estadísticas fiables –se ha dejado de contar cadáveres bajo determinados supuestos–, y con la filtración, conseguida por Betevé, de una manual de instrucciones para la eugenesia. En MAD se hicieron. Y en Italia. Y siguen funcionando. En el caso CAT se establece que los pacientes de 80 años no tengan acceso a UCIs –en realidad, la cosa empezó hace un par de semanas, y con pacientes de 70. La novedad es que –los sistemas propagandísticos lo escriben todo, pero es que todo– el manual aconseja a los médicos mentir a los familiares sobre el hecho de que no hay camas. No sé si estos manuales son un delito –dos abogados que considero me dicen que no; lo de mentir sería una falta administrativa–, y otro al que también considero me dice que es homicidio–. En todo caso, el texto aporta a esta crisis mundial una familiaridad con la mentira, que habla de la bancarrota ética en CAT, algo propio de los sistemas propagandísticos dilatados. Esto es, sustentados en la mentira.

10- CAT accedió a esta crisis como accedió a la anterior. Diciendo que lo harían mejor que Esp. El Govern –por otra parte, como cualquier gobierno europeo– no calculó nada. Coqueteó con la anécdota y con el estilo Orbán –plantear un territorio en el que el virus funcionaba diferente, o donde todo estaba tan bien organizado que el virus sería anecdótico–. Posteriormente reprodujo medidas emitidas por el PP de MAD. Un día antes del estado de alarma dió un giro de 180 grados a su política, y construyó un nuevo mensaje propagandístico. El actual. Si no se cerraba MAD y, más aún, CAT, el Gobierno sería el culpable de las muertes –un elemento común a la propaganda de Vox–. Para ello se construyó una polémica científica contra la autoridad sanitaria. Esto es, sin respetar los canales científicos existentes para esas cosas –algo sumamente peligroso en una pandemia: el peligro es el vertido de odio, como así ha sucedido–, y apostando por canales netamente mediáticos. El presi mintió a la BBC al respecto de las medidas del Gobierno. La mentira, obviamente, no tuvo recorrido internacional. Pero sí local. Una serie de creyentes defiende desde entonces que esto es un genocidio. A gritos. Y culpabiliza de ello al vecino que no lo ve. Los medios públicos y concertados promueven esa opinión, y no informan de lo que pasa en hospitales y geriátricos, sino de medidas inmaculadas, de superioridad científica. La información es, en ese sentido, menor y más canalizada que en MAD. Se habla incluso de triunfos y mejoras frente al virus y su gestión en Esp, gracias a una planificación I+D. En las redes, políticos –alguno de ERC, en mi caso–, participan dando verosimilitud a todo esto, arreando contra políticos, periodistas, o vecinos, que opinan lo contrario, y llevándoles a las cuentas los trolls y los bots. Sucedió en 2017. Pero no con tanto léxico y mitología de la amenaza ultraderechista. Se podría pensar que esto, tan abultado, tan crispado, tan implosivo, es el fin de un sistema de propaganda. Pero si funcionó para camuflar el austericidio de la sanidad, en 2012, puede servir para camuflar las muertes que aquello está suponiendo en 2020. Si así es, supondrá otro jalón en la pérdida de integridad en una sociedad, sometida a propaganda por líderes incapaces para la gestión de lo público, como en MAD, pero con menos inteligencia, o mayor desesperación, para gestionar el odio.

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

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1 comentario(s)

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  1. Roberto

    Excelente análisis, Martínez. Efectivamente, lo que parece que está planteando la derecha intelectual, es decir, los ultramillonarios, no es que tengan temor a que se les acuse de desmontar la sanidad pública, o que la población quiera pelear para revertir la privatización de la sanidad, ni si quiera que, en un amago utópico, se propugne la nacionalización de toda clínica sanitaria. Lo que parece que la derecha intelectual está emitiendo es, efectivamente, me reitero en tu alago, futuro. Han debido de entrever la oportunidad de asestar el golpe definitivo a la democracia en occidente, raptarla, tal y como está adelantando Víktor Orbán, y quedarse con todo el pastel. Muy agudo, Guillem, puede que sea buena idea que te quedes más a menudo aislado para que puedas desarrollar reflexiones tan finas.

    Hace 1 año

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