1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

SIMÓN LÓPEZ TRUJILLO / ESCRITOR

“La consecuencia más terrible del monocultivo es cómo se camufla en un falso paisaje”

Esther Peñas 27/12/2023

<p>El escritor Simón López Trujillo. / <strong>Editorial Caja Negra</strong></p>

El escritor Simón López Trujillo. / Editorial Caja Negra

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

El vasto territorio (Caja negra), Premio Municipal de Literatura de Santiago en 2022, es una novela que denuncia los efectos e implicaciones de la deforestación, las consecuencias de la destrucción ambiental en una zona concreta del planeta (Chile) y cómo esos estragos llevan aparejado un deterioro de los afectos y la vida en común. Entreverado al asunto de la narración, su urdimbre, la manera en la que se nos cuenta, con una serie de notas a pie de página que van construyendo un desdoblamiento de la trama principal creciendo con la ductilidad de los hongos, atravesada por un lirismo soberano que va dando paso a tonos policíacos, de terror, científicos… Con su autor, Simón López Trujillo (Santiago, 1994), conversamos.

Antes de entrar en detalles con la aparición del hongo, ¿cómo afecta a los habitantes de estos lugares que usted describe la deforestación industrial que marca su vida?

La novela está ambientada en Curanilahue (una comuna al sur de Chile, cerca de Concepción) por varias razones. Primero, porque ese lugar, que hoy tiene más del noventa por ciento de su superficie cubierta de pinos y eucaliptos, es un ejemplo de cómo las grandes empresas forestales afectan a los territorios donde se insertan, produciendo una devastación ambiental y un empobrecimiento de la zona. Pero también porque estas grandes empresas precarizan incluso a sus propios trabajadores, a menudo naturalizando la desregulación laboral y las prácticas antisindicales. De hecho, la novela está dedicada a Rodrigo Cisterna por esa razón. Él fue un trabajador forestal y líder sindical asesinado por carabineros el 3 de mayo de 2007, en el contexto de una toma de la Planta Horcones, a las afueras de Curanilahue, en la que los trabajadores exigían condiciones mínimas para su empleo: fin al subcontrato, reajuste salarial, entre otros asuntos básicos. Me interesaba que la novela se situara allí porque es un territorio en el que se mezclan diversas capas de violencia, que son cosas que la novela explora mediante sus personajes.

La industria del monocultivo forestal tiene muchísimas consecuencias nocivas para el ambiente y la sociedad

La peor de las consecuencias de los monocultivos, a su juicio, ¿cuál es?

La industria del monocultivo forestal tiene muchísimas consecuencias nocivas para el ambiente y la sociedad. Por un lado, está el impacto al ambiente, expresado en problemas de agua, biodiversidad, mortandad de abejas y enfermedades a las personas a causa de los pesticidas, además de un aumento notable en la frecuencia y el tamaño de los megaincendios forestales, como los que vivimos en febrero de este año en la misma zona donde se sitúa la novela. Por otro lado, la mayor parte de estas grandes empresas se han instalado en territorios pertenecientes al pueblo-nación mapuche, lo que ha agravado la conflictividad en regiones como la de la Araucanía y el Bío Bío. Es por razones como estas por lo que diversos estudiosos han mencionado la necesidad de una reforma del actual modelo forestal chileno, instalado desde la dictadura de Pinochet, donde las grandes empresas forestales fueron apoyadas por legislaciones como el Decreto de Ley 701, que subsidiaba hasta el 85% de la plantación de monocultivos de pinos y eucaliptos. Esto ha generado una forma de producción que hoy está en profunda crisis, cuyas propuestas de reforma pueden apreciarse en textos como Chile necesita un nuevo modelo forestal, editado por los ingenieros forestales Luis Astorga Schneider y Heinrich Burschel, y publicado en Chile por editorial LOM en 2019. De todas formas, la consecuencia más terrible del monocultivo creo que es la forma en cómo se camufla como si fuera un paisaje. Al fin y al cabo, la gente se acostumbra a vivir rodeada de bosques que no son bosques. Naturalizando ese paisaje que se extiende miles de kilómetros por el sur y que, en esas hileras e hileras de árboles idénticos, impide ver las múltiples violencias que han hecho posible ponerlos allí. Y, de hecho, el peligro enorme que significa su presencia, pues basta una chispa para que todo se incendie.

¿Hasta qué punto la naturaleza podría conjurarse para amenazar la existencia humana?

En la novela, me interesaba explorar el reino fungi no tanto como una mera amenaza a la especie humana, sino como metáfora de la interconexión que hace posible la vida en la Tierra. Una de las particularidades de los hongos es que son organismos profundamente colaborativos. Todo bosque posee árboles con raíces unidas a micelios de hongos. Eso, que se llaman uniones micorrizales, me funciona también como una metáfora de cómo funciona la propia literatura. Ningún texto se escribe en el vacío, no me interesa la aproximación romántica a la escritura como un genio que se inspira separado de otras voces y escrituras. La originalidad solo me interesa como un diálogo productivo con cierta tradición. Además, se escribe siempre desde un cuerpo, permanentemente afectado por otras voces, sonoridades, ideas y palabras, y la escritura no es más que una forma de dar cauce a todo eso. Esta novela se nutre de diversas texturas narrativas, desde Baruch Spinoza a Juan Rulfo, y de ese modo, creo que, a tres años de su publicación, me cuesta encontrar como lector un núcleo central de organización de todo. Las diferentes textualidades construyen diversas visiones sobre la naturaleza, el pensamiento y la necesidad de formar parte de algo mayor (esa idea de «lo vasto»), y creo que haberme inspirado, de forma bastante hereje, de la idea de naturaleza que propone Spinoza (que es también Dios), me ayudó a concebir esta forma de escritura también. Una naturaleza entendida de esta forma amenaza no tanto a la humanidad sino a la idea humanista de que somos una razón separada de su cuerpo. Y un cuerpo separado de los otros, higienizado, aséptico. Los hongos me interesaban por su omnipresencia. Están en todas partes, basta con dejar una fruta fuera del refrigerador. Y esa latencia invisible me parecía significativa a la hora de pensar otra idea de la relación entre los cuerpos y las especies.

Qué es más susceptible de tener enmienda, ¿la corrupción o la emergencia climática?

No sabría decirlo.

La deriva terrorífica que va tomando la narración, ¿refleja su pesimismo acerca del futuro del planeta?

Como diría James Baldwin, “ser pesimista es pensar que la vida humana es un mero asunto académico”. En ese sentido, no soy para nada un pesimista, y tampoco creo que esta novela se plantee desde esa óptica. Las notas al pie, de hecho, van formando un tejido subterráneo, con mayor omnisciencia que la narración principal, en el que se intuye una posibilidad de futuro tras la catástrofe. No es una utopía, pero sí una forma de dar cuenta de que la vida, tanto humana como la de otras especies, posee una capacidad de adaptación enorme, incluso cuando es la propia naturaleza la que se nos viene encima. En este sentido, me interesa disputar la idea de fin de mundo que se ha vuelto un lugar común durante los últimos años. Dado el cambio climático y otros asuntos, parece que el apocalipsis por fin se ha vuelto un asunto “universal”. Es decir, como hoy es algo que le preocupa directamente a Europa y Estados Unidos, por ende, se globaliza. Pero, ¿acaso el genocidio de las poblaciones indígenas en América Latina durante la colonización no fue un fin de mundo? ¿El bombardeo y ocupación de Gaza no es un apocalipsis desplegado ante nuestros ojos? Hay una colonialidad presente en cómo entendemos hoy la amenaza climática y que, si se la toma de modo ingenuo, puede derivar en una defensa de la naturaleza en abstracto que, a mí, personalmente, no me interesa. No se trata de oponer naturaleza y sociedad (pues eso, como diría Jason Moore, es el ambientalismo de los países ricos), sino de ver cómo establecer relaciones más sustentables con el entorno sin que eso implique que la única forma de defender la naturaleza sea remover toda presencia humana de ella. Además, los responsables de esta crisis no somos la humanidad en su conjunto, sino una serie de empresas y millonarios con nombre y apellido. La escritura de este libro estuvo muy inspirada por una historia de luchas campesinas y obreras que parecen haber desaparecido casi por completo de la memoria colectiva en Chile. Pienso en proyectos como el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli (COFOMAP), que durante el Gobierno de Salvador Allende fue una inmensa empresa forestal controlada por sus propios trabajadores y que, además, poseía un modo de producción mucho más sustentable con el ambiente y digno con sus trabajadores que el actual modelo de grandes empresas forestales como Arauco y CMPC. Pero, tras el golpe de Estado de 1973, el COFOMAP fue desmantelado a punta de matanzas y desapariciones, y esa historia quedó enterrada en un pasado que hoy solo es posible rememorar de forma utópica.

Me interesaba que la novela mostrara que la naturaleza depende de la clase desde que se la mira

Las aportaciones de la científica Giovanna sobre el Cryptococcus Gattii, son cruciales. ¿Hasta qué punto la ciencia puede ser aliada en la lucha contra el cambio climático?

Hace varios años, viendo un documental sobre el reino fungi, supe del hongo Cryptococcus gattii, que a fines de los noventa produjo un brote infeccioso en la isla de Vancouver, Canadá, donde murieron varias personas y animales. Lo curioso, decían, es que dicho hongo patógeno es endémico del eucalipto. Entonces, apareció la pregunta: ¿y esto no podría pasar en Chile, donde el monocultivo forestal tiene más de tres millones de hectáreas, en las que predominan el pino radiata y el eucalipto? Allí apareció la idea y la escritura de la novela terminó funcionando como el medio para explorarla. Siempre me ha llamado la atención esa noción de la escritura como una especie de virus, como decía el poeta chileno Gonzalo Millán. Algo que infecta un cuerpo y lo emplea para reproducirse según sus propias leyes. Lo fungi funcionaba de esa forma también: un reino de tremenda inteligencia, que se expande y sostiene la vida por debajo, sin que lo notemos, salvo cuando emergen sus cuerpos fructíferos (las callampas), que son precisamente sus medios de reproducción.

Por otro lado, me interesaba que la novela mostrara que la naturaleza depende de la clase desde que se la mira, y el personaje de Giovanna es fundamental en ese sentido. Me pasa que, a ratos, discursos como el antropoceno se quedan en una suerte de ambientalismo metafísico, donde se defiende una naturaleza abstracta, global, depurada de la presencia humana y de la historia. No es lo mismo el paisaje sureño bucólico y turístico que estudia Giovanna que el que habitan Patricio y Catalina o el de las cooperativas campesinas que cruzan los sueños de Pedro. Allí, la violencia extractivista se expresa de modo tremendamente real, vinculado a experiencias y memorias particulares. Quería cuestionar esos modos de defensa de la naturaleza desde un mero conservacionismo y, al mismo tiempo, mostrar cómo la ciencia puede ser aliada, en muchos casos, de las mismas empresas dedicadas a devastarla. En ese sentido, me interesa pensar cómo el propio paisaje puede volverse cómplice. Cómo, con el paso de los años, la naturaleza es capaz de borrar las muertes que la atravesaron. Cómo, por ejemplo, el territorio que entre 1971 y 1973 era el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli hoy es un parque nacional privado, propiedad de un único empresario y dirigido principalmente a turistas extranjeros. En esto, me inspira mucho el trabajo narrativo de Guadalupe Santa Cruz, cuya obra pone en tensión la relación entre territorio, memoria y la capacidad de nuestro imaginario simbólico para ver a través de esas capas de violencias sedimentadas. Algo similar a lo que ha hecho Cristina Rivera Garza, en Autobiografía del algodón, por ejemplo, o el excelente documental Las cruces de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez, sobre la matanza en septiembre de 1973 de 19 trabajadores de CMPC, una enorme papelera en Laja, entregados por la misma empresa a los carabineros del pueblo por considerarles como “elementos subversivos”. 

¿Cómo es posible que nadie ponga fin a las tropelías que soporta la población indígena, algunas de las cuales refleja usted en este ‘artefacto’ (es algo distinto a una novela, a mi juicio)?

Me parece interesante lo de pensar este libro como un artefacto, aunque no me queda claro en qué sentido lo planteas. De todas formas, es una ingenuidad muy grande pensar que las múltiples violencias que viven los pueblos indígenas en Chile y Latinoamérica podrían ser resueltas por «alguien». Este es un tema complejísimo, con una trayectoria histórica de siglos, y que ha mostrado requerir de un debate mucho más profundo dentro de la sociedad chilena. Especialmente hoy cuando, con el avance de las ultraderechas en la región, ha habido un reflote de discursos racistas y de otros que critican las así llamadas “políticas de la identidad” desde un individualismo a ultranza, incapaz de ver en la expansión de derechos a minorías históricamente marginadas otra cosa que una privación de sus propias libertades o garantías sociales. De esto se nutren retóricas como las de Milei en Argentina, que, en su fundamento, no entienden al individuo como un ser social sino como una entidad determinada enteramente por su capacidad de consumo. Bajo esa óptica (que es una forma de liberalismo tremendamente precaria y desquiciada, incluso dentro del mundo liberal) todo es transable y, por ello, el Estado y sus derechos se conciben solo como impedimentos a la acción y libre determinación del mercado. Por supuesto que hay que hacer una autocrítica desde la izquierda de cuánto hemos hecho realmente a la hora de ponernos de acuerdo y elaborar políticas y discursos que logren convocar una masa popular capaz de hacer frente a discursos como estos, o, en Chile, en términos de entender la complejidad que implicaría la aplicación real de conceptos como “plurinacionalidad” en una sociedad históricamente tan conservadora y racista como la chilena (algo que nos estalló en la cara con el referéndum al último proceso constituyente). Pero también es necesario comprender que difícilmente se pueda encontrar una solución rápida y definitiva a estos problemas. En ese sentido, el proceso de escritura de este libro fue también una manera de estudiar la complicidad entre el Estado chileno y las grandes empresas forestales instaladas en territorios que pertenecían al pueblo mapuche y a diversos movimientos campesinos, algo ocurrido durante la dictadura, pero profundizado en los gobiernos de la transición a la democracia. Una investigación que me permitió no hallar una salida o solución, sino, más humildemente, conocer más en profundidad del problema; entender, primero, de qué estamos hablando. Respecto del tema indígena en particular, por suerte hoy hay una serie de intelectuales, poetas y escritoras y escritores indígenas, particularmente mapuche, que están escribiendo sobre estos y otros asuntos. Pienso en intelectuales como Enrique Antileo y Claudio Alvarado Lincopi, y en poetas y escritoras como Daniela Catrileo, Roxana Miranda Rupailaf y Jaime Luis Huenún, cuyas obras admiro mucho, tanto por su trabajo formal y puramente literario, como por la capacidad de pensar la memoria y la identidad indígena contemporáneas, así como para denunciar las violencias históricas y presentes que vive el pueblo mapuche.

Es una ingenuidad pensar que las múltiples violencias que viven los pueblos indígenas podrían ser resueltas por «alguien»

¿Cómo influyen las relaciones laborales en las relaciones afectivas? La adversidad (laboral, de la salud, del entorno), ¿hace más fuerte a la comunidad o la debilita?

En algún momento de la escritura de la novela, me pregunté si, en el segundo capítulo, la infección del hongo sería narrada como algo generalizado, llevado al ámbito de una novela de ciencia ficción. Pero entonces nos golpeó la pandemia de covid-19 y me di cuenta de que narrar algo con una magnitud semejante obliga a perder la visión particular y los afectos familiares que se habían desarrollado hasta el momento. Es por eso que la catástrofe no se narra en la novela misma, solo se intuye en las notas al pie. Y ya desde la mitad del primer capítulo en adelante, se pone el foco en cómo, ante la devastación y la tragedia, hay una reorganización de los afectos y los cuidados entre Patricio y Catalina. Quería explorar la potencia de la ternura que emerge allí. Algo que es una forma de resistencia ante las diversas violencias que atraviesan sus vidas, violencias materiales, simbólicas y espirituales. Creo que, en momentos adversos, la comunidad se pone a prueba. Emerge como necesidad. La pandemia nos enseñó eso: somos seres sociales y necesitamos de otros para vivir. Y creo que la novela explora diversas experiencias comunitarias, en diferentes territorios y clases: la comunidad de científicos que coordina Giovanna, las cooperativas campesinas en los sueños de Pedro, la comunidad religiosa que dirige Baltasar, la reestructuración familiar de Patricio y Catalina. Varias de estas formas tienen que ver con maneras de supervivencia, en cierto punto, en tiempos donde la vida laboral y espiritual suelen estar en profunda crisis. De hecho, los hongos, como metáfora y como reino, sirven para pensar otras formas de entender la comunidad entre especies. Uno de los libros que más me sirvió para esto fue Los hongos del fin del mundo, de la antropóloga Anna Tsing Lowenhaupt, donde a partir del estudio de diversas comunidades recolectoras del hongo matsutake, se proponen formas de supervivencia en lo que ella llama “las ruinas del capitalismo”. Personalmente, no me interesa escribir sin cierto sentido de comunidad en el horizonte. No solo pensando en los lectores, sino incluso antes, en términos de cómo la escritura de cierto libro me permite leer de otra manera ciertos otros. Esta novela, por ejemplo, fue una forma de revisitar a algunos autores y autoras chilenos que mezclaban realismo social con un trabajo formal modernista y tremendamente imaginativo, como Manuel Rojas, Marta Brunet, Carlos Droguett y Juan Emar, y la escritura fue una especie de diálogo interior, muy fecundo, con sus propuestas. Una suerte de homenaje, claro. Pero también una manera de entender la literatura no como un canon sino una suerte de constelación de jóvenes y viejos, vivos y muertos, con los que uno se junta a conversar. Esta es una idea preciosa que alguna vez me dijo Ben Lerner, quien la heredó de sus maestros Rosmarie Waldrop y Keith Waldrop, dos poetas de la vanguardia estadounidense que son de una importancia fundamental para mí también. Precisamente porque sus obras inscriben en ellas todas sus lecturas y conversaciones. Esa suerte de contagio es lo que me interesa. Escribir con y desde los otros. No la angustia de la influencia, sino el placer de dejarse llevar por voces que expanden lo que uno cree que es uno mismo.

El vasto territorio (Caja negra), Premio Municipal de Literatura de Santiago en 2022, es una novela que denuncia los efectos e implicaciones de la deforestación, las consecuencias de la destrucción ambiental en una zona concreta del planeta (Chile) y cómo esos estragos llevan aparejado un deterioro de...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Marcoafrika

    En efecto, como podría decir el escritor: el “pesimismo” bien entendido no es otra cosa que las reflexiones objetivas de acontecimientos observables de modo científico y podríamos añadir que son hechos comprendidos a través de la emoción y la belleza literaria. Pesimismo es algo saludable si nos espolea la conciencia y nos obliga a cambiar, no solo para evitar las trágicas consecuencias que acarrea nuestra ceguera y nuestra fe en el capitalismo y sus avances tecnológicos, un binomio letal que parece corrompernos sin esperanza, también, para hacernos fuertes ante los inevitables cambios de la naturaleza y asegurar nuestra adaptación armoniosa y feliz, trabajando juntos, cooperando y no compitiendo, evitando nuestras guerras miserables y dándonos una oportunidad nueva para vivir.

    Hace 5 meses 17 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí