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La Ley Mordaza contiene, en sí misma, la esencia de lo sucedido desde 2008 en Esp. Si el PSOE la elimina, será la prueba de que observa otro futuro posible. Es decir, de que no tiene las manos atadas

Guillem Martínez 18/11/2021

<p>Ley Mordaza.</p>

Ley Mordaza.

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1- París, 1936. Mani contra la no-intervención. Parlamentos finales. En eso, sucede lo inusitado. Léon Blum, jefe del Gobierno y uno de los artífices de la no-intervención, se abre paso entre pitidos y toma la palabra ante el micrófono del estrado. Da explicaciones. Explica que la República Esp tiene más razón que un santo y que precisa ayuda internacional. Pero, con lágrimas en los ojos, también dice: “Tengo las manos atadas”. Entre líneas, para quien lo quiso oír, habla de la impotencia de un gobierno de izquierdas. Un gobierno que, por otra parte, realizó imposibles. La negociación colectiva, la libertad sindical, la reducción de la jornada laboral a 40 horas, las vacaciones pagadas, aumentos de salarios sin precedentes, nacionalizaciones en ferrocarriles y aeronáutica, y limitaciones a la especulación en la agricultura y en la banca. Y, aun así, según percibía, Blum tenía las manos atadas. Y lágrimas en los ojos. Las lágrimas, hoy, no son nada, salvo un indicativo de que la sentimentalidad lo impregna todo. Cuando un político llora hoy, tiemblen, pidan asilo en Corea del Norte. En aquella época, no obstante, eran lágrimas, tal y como lo habían sido en los últimos 2000 años. Lo que nos lleva a la pregunta del millón. ¿Qué es tener las manos atadas?

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2-¿En qué consiste tener las manos etc.? ¿Un gobierno, como el de Blum, tenía las manos atadas? ¿Un gobierno de coalición actual tiene las manos atadas? ¿Participar en el festival de renovación del TC –que pasa de estar ocupado por unos monos con pistola a estar ocupado por otros monos con pistola–, incumplir compromisos por escrito sobre la derogación de la reforma laboral, o de la Ley Mordaza, o por la regularización de los alquileres, es tener las manos atadas o es un ejercicio de libertad? ¿Reformar las pensiones es tener las manos atadas? Para valorar todo esto, supongo, habría que describir qué son, en este contexto, las manos y las cuerdas.

3- Sobre las manos y cuerdas de Blum. Blum disfruta de libertad. La época, a través de la Constitución mexicana, de la Constitución austriaca de postguerra –los modelos de la CE31–, le otorga una gran herramienta. El concepto de interés común, con el que los gobiernos pueden corregir y moderar. Incluso, socializar. Eso se hace en parlamentos fuertes. La libertad de Blum, fundamentada en una mayoría social de votantes, es, así, amplia. Pero también posee cuerdas. Notorias. Están fuera de la política nacional. Son regiones del Estado que no admiten el interés común, y es también la geopolítica, importante en un periodo de pre-guerra, en el que se van prefigurando catástrofes, bandos y alianzas. Blum, un hombre libre, tiene ataduras. La polarización social, el peligro latente de un golpe de Estado, asociaciones contradictorias, pero razonables, frente al fascismo a punto de liarla.

El neoliberalismo, esa cultura, es la política de la Comisión Europea. Es decir, no hay otra. Si exceptuamos a Orbán. Que, a su vez es, básicamente, neoliberalismo

4- La libertad y las cuerdas cambian en 1945, después de seis años de cuerdas a secas. Se produce un pacto en Europa –Esp accede a él en 1978–, que podría consistir en estas palabras coloquiales, escuchadas al añorado Antoni Domènech: “Nosotros no os matamos, y vosotros no hacéis la revolución”. Las contrapartidas a no tomar el palacio de invierno no son anecdóticas: libertades, sanidad y educación universal, corrección de la pobreza, pensiones para enfermos y jubilados, y cierto, pero efectivo, reparto de la riqueza a través del IRPF. Es el Bienestar –consagrado en la Constitución alemana–, la forma de democracia en Europa. Las contrapartidas a esta libertad, las cuerdas, también son, a su vez, importantes: parlamentos sin mucha fuerza ni itinerario, que votan la formación de gobiernos y, cada año, unos PGE, en los que transcurren, sin superarse, los límites de la política. Nadie gana del todo, nadie lo pierde todo. Es decir, la vida.

5- El punto 4 ha quedado mono. Dan ganas de comprarse uno. Si les gusta es por una sencilla razón. La añoranza becqueriana. Esas cuerdas y esas manos ya no existen. Son el pasado. Estamos en otro sitio. Y hace tanto frío que las cuerdas se utilizan como mantas.

6- Del punto 4 al 6 –desde el que les saludo; hola– han pasado diez mil cosas. Que se resumen, arreando, en una. El neoliberalismo –se empieza a formular en 1973 como una respuesta a la crisis petrolera; es la retirada del Estado respecto del Bienestar, concebido como un gasto, y no como un derecho, un pacto, una obligación constitucional– ha evolucionado hasta ser una cultura, que excede a la derecha emisora, y que vive, incluso, tan campante, en la Tercera Vía. En tanto que cultura, no precisa ser verificada, pues no reposa en datos o éxitos, sino en creencias y rutinas. El resultado es un festival, pero también una forma de gobernar y de entender el Estado, transnacional –no se pierdan el punto 9–. Esta mañana a primera hora, el neoliberalismo, esa cultura, es la política de la Comisión Europea. Es decir, no hay otra. Si exceptuamos a Orbán. Que, a su vez es, básicamente, neoliberalismo. Es decir, iliberalismo más matizado. Los Estados, los gobiernos, tienen poca capacidad para escaquearse del neoliberalismo. Lo más frecuente –en Italia, un arte– es el recurso cosmopolita de hacerse, en ocasiones, el sueco.

7- La UE fue fundada en tiempos del Bienestar. Por lo que mantiene, fosilizados, algunos tramos de esa forma de democracia. Muerta. Por ejemplo, la justicia –europea–. Ese fósil, por ejemplo, choca con el neoliberalismo, ese animal vivo. Chocará mucho más en el tiempo. O estamos perdidos. El choque entre la Comisión –neoliberal– con Polonia –neoliberal–, por eso mismo, transcurrirá, todo apunta a ello, en la justicia. Y no en la política y la economía. En la vida. No será, en todo caso, un choque como el de la Comisión con Grecia. Brutal, sangriento y no mercy. Lo que es un indicativo de lo que pasa y de lo que no pasará. Veremos.

La Comisión, en pandemia, ha creado dos tendencias. Loables y que han salvado vidas. Pero no las ha emitido desde el Bienestar, sino desde su contrario, el neoliberalismo

8- La austeridad –la forma legal del neoliberalismo, opuesta al Bienestar– se ha congelado por la pandemia. Congelado es como tengo yo el pollo que me comeré mañana. Es decir, es un estado de algo que te comerás en breve y con patatas. La Comisión, en pandemia, ha creado dos tendencias. Loables y que han salvado vidas. Pero no las ha emitido desde el Bienestar, sino desde su contrario, el neoliberalismo. Lo que nos permite observar el neoliberalismo desde otro ángulo. Son medidas positivas que esconden un mal rollo. A saber: la Comisión a) ha comprado las vacunas covid conjuntamente. Lo que ha garantizado su disposición en los Estados. Yupi. Pero lo ha hecho de manera opaca. Esto es, ha entendido la vacunación como una posible fuente de beneficio de la empresa, no como una antigua forma del Bienestar, no como un deber democrático. Y b) no ha montado pollo con los ERTE. Es más, han sido una medida aceptada por la Comisión y extendida en Europa. Los ERTE han salvado puestos de trabajo y/o personas. Pero junto al punto a) dibujan lo que es el neoliberalismo, lo que está siendo y lo que, glups, puede llegar a ser.  El Estado, que ya no es garante del Bienestar, tiene otro rol. La protección de la empresa. En ese sentido, los ERTE han apuntado algo nunca visto y que, en su excepción, puede ilustrar lo que es el Estado cotidiano. La supresión del mercado. Las empresas han vivido –más allá de la pandemia, incluso– sin mercado. Protegidas de ese psicópata. Sin la vicisitud enojosa de ser competitivas o de pagar buenos sueldos.

9-  El Estado del no-Bienestar, un Estado neoliberal –democrático, con instituciones electas, con amplias zonas de su soberanía deslocalizadas en la Comisión–, en 2008, formalizó, al formalizarlo la Comisión, que la propiedad y la empresa son la institución central del crecimiento, a tutelar. En aquel tiempo, se protegió a los bancos. Por encima de las personas, a las que, de hecho, se dejó en pelota picada. Es decir, se retiró a los bancos del enojoso trámite de concurrir al mercado, algo que puede, incluso, arruinarlos, y se intensificó, por otra parte, el mercado sobre la sociedad, que dio donativos a la banca a través de sus impuestos, pero que también se estrujó a través de su vivienda, de su educación, de su salud. La dinámica es, me temo, esa. El Estado es la empresa. El Estado suple al mercado, a la empresa cuando la empresa peligra –siempre peligra; el mercado es ansí–, en una dinámica de subvención a la empresa que puede ser más cara que una Renta Básica a la persona. Tengan presente esa sospecha cuando tengan que evaluar los destinos de los Next Generation. Pueden subvencionar empresas, alejarlas del mercado, ese engorro. O no. No se pierdan el estudio al respecto de todo esto, con mayor inteligencia, descripciones y explicaciones, de Rubén Martínez e Isidro López.

10- ¿Cuáles son las cuerdas de un gobierno de coalición? No son las del 45/78. Son las mismas que las de un gobierno sin coalición. La empresa. La supresión del mercado en amplios sectores –banca, energéticas…–. Y la intensificación del mercado en la sociedad, sin Bienestar efectivo que la proteja, salvo uno pequeñito, que palie a los chicos/as más dañados, y les dé algo, no sea que roben en un súper.

11- Esas cuerdas permiten evaluar éticamente al gobierno de coalición. Y a sus dos partidos integrantes, en correlación de fuerzas en modo no-hay-color. PSOE es rico en cuerdas y carece de libertad para temas zanjados por la Comisión y la cultura neoliberal. En la reforma laboral, el PSOE no irá más lejos de las demandas de la Comisión –de hecho, el PSOE ha intervenido las negociaciones para evitar otras demandas–. El PSOE no hará nada –no lo ha hecho, de hecho– por la regularización de alquileres. El alquiler es la propiedad, la prima de la empresa. La Tercera Vía no hará nada, además, contra lo que supone su votante –Piketty señala que la socialdemocracia actual se centra en una clase media alta y culta; las clases que antes cultivaba la socialdemocracia, ahora en barbecho, desatendidas, son caldo de cultivo de las extremas derechas–. El PSOE no hará nada, a medio plazo, por las pensiones. La Comisión, sencillamente, quiere privatizarlas. Ha dado varios avisos de ello a Esp. Es sintomático que el anuncio de que la CEOE se retiraba de las negociaciones del pack pensiones lo hiciera la portavoz de las empresas de seguros, como señala el sindicalista Joan Coscubiela. Y, por encima de todo, el PSOE no hará nada –no se pierdan el punto 14– sobre el pack Ley Mordaza.

Desafiar a la Comisión es morir arrollado. O pasar a ser izquierda autoproclamativa, anecdótica en política institucional. Es imposible cualquier movimiento al respecto sin la colaboración de otras izquierdas europeas

12- UP –socialdemocracia no clásica, frente a Tercera Vía ya clásica– dispone de las mismas ataduras. La Comisión. Pero no posee cultura neoliberal. Desafiar a la Comisión es morir arrollado. O pasar a ser izquierda autoproclamativa, anecdótica en política institucional. Es imposible cualquier movimiento al respecto sin la colaboración de otras izquierdas europeas no autoproclamativas. Y en otra instancia, europea. Su libertad frente a las ataduras son dos herramientas. A) La astucia –se ejerce, diría, en la reforma laboral; se ha ejercido con lo de las pensiones, una prolongación del drama, que sigue vivo y sin solución; lo que no es, glups, mala noticia, si conocemos el desenlace; cada día que pase sin desenlace, varios nacidos después de 1957 accederán a la pensión–, y B) la ética y la transparencia –no ejerció esos cacharros con lo de la renovación del TC. Si había contrapartidas, un plan, un objetivo, un póquer, debía comunicarlos.

13- En general, UP y PSOE disponen, por otra parte, de una libertad inaudita. Todo lo que sería política interior estrictísima. Aquella que se la trae al pairo a la Comisión. Derechos sin costos, identidades. Y la cosa territorial –transformada en nacionalismos, incluido el esp, es el negocio más boyante de la política local; y subiendo– parece tener recorrido progresista y estructural en puntos como el País Valencià. También lo tienen, en teoría, el tema judicial y policial. Lo que nos lleva, yupi, al último punto. O 14.

14- La Ley Mordaza, una lacra democrática, su derogación prometida, será un punto en el que PSOE y UP podrán exteriorizar sus diferentes cuerdas y sus diferentes manos libres. Lo que será, tal vez, el punto final escenográfico del Gobierno. Es poco probable que el neoliberalismo pueda prescindir de una ley que cede a la policía la solución de conflictos sociales –esto es, políticos–, en tanto esta ley contiene, en sí misma, la esencia de lo sucedido desde 2008 en Esp. En una década ha sucedido un cambio estructural, a través de una reforma constitucional que acaba con el Bienestar, de la supresión de las Cajas de Ahorro –corruptas, si bien han dejado un vacío en sus funciones sociales–, de los recortes en Sanidad, de la promulgación de la reforma laboral y de la Ley Mordaza, de la supresión del mercado para algunas empresas reguladas o/y gordas. Es un corpus legal y político que confirma que ya no estamos en el R78. Estamos en otro sitio, en el que la cultura no ahoga los conflictos, sino que es más efectivo ahogarlos en policía, a palo seco. Si el PSOE elimina esa ley, será la prueba de que observa otro futuro posible. Es decir, de que no tiene las manos atadas. Sería extraño, pues en política, como en la vida, no se piensa, se actúa, zas, con la cultura que uno lleva a cuestas.

1- París, 1936. Mani contra la no-intervención. Parlamentos finales. En eso, sucede lo inusitado. Léon Blum, jefe del Gobierno y uno de los artífices de la no-intervención, se abre paso entre pitidos y toma la palabra ante el micrófono del estrado. Da explicaciones. Explica que la República Esp...

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Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

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